Lugares comunes, nada más
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Lugares comunes, nada más

02/04/2018
Actualización 02/04/2018 - 13:46

Hace algunos meses, cuando todavía había incertidumbre sobre quién sería el candidato del PRI a la presidencia de la República, describí en este espacio las razones por las cuales consideraba que José Antonio Meade no era la mejor opción. Tenía en ese momento la impresión de que a Meade le costaría mucho trabajo conectar con audiencias fuera del empresariado, del sector financiero y de la alta burocracia. No lo ha logrado, por más que se insista en llamarlo 'Pepe', primero en un corrido y ahora a ritmo de reggaeton. Sin embargo, también reconocía en Meade a un hombre talentoso y preparado. Sigo pensando que no puede ser de otra forma. Los estudios y la trayectoria de Meade hablan de un hombre brillante y trabajador.

Por eso me extraña tanto la forma como se ha empantanado la campaña del abanderado del PRI. Ya no es un tema de carisma, de que al candidato le falte calle o experiencia electoral. Se trata de una sucesión de desatinos imperdonables para un tecnócrata sazonado, con kilometraje de sobra en puestos directivos, y con todos los recursos necesarios para rodearse de los mejores especialistas y estrategas de campaña.

El último desatino son las propuestas que han estado circulando, y que al parecer el equipo de Meade ha intentado promover. Digo 'al parecer' porque, durante el puente de Semana Santa, EL FINANCIERO y otros medios señalaron que, al buscar en Google palabras como 'AMLO' o 'Ricardo Anaya', aparecía un link promocional a la sección de propuestas dentro del portal de la campaña de Meade. Sin embargo, cuando hice pruebas, la publicidad no apareció, y el link http://meade18.com/propuestas llevaba a una página en blanco (tal vez el propio equipo de campaña lo retiró para evitar una eventual sanción del INE).

En todo caso, resulta un exceso llamar propuestas a los buenos deseos y lugares comunes del abanderado del PRI (los cuales se pueden consultar en la sección 'ejes y propuestas' de su portal). Estos buenos deseos incluyen “Hacer una gran policía, con oficiales entrenados, protegidos y muy bien pagados”. A Pepe Meade y su equipo se les escapa que todos los gobiernos llevan prometiendo lo mismo desde hace diez años y que –con honrosas y contadas excepciones– ninguno ha avanzado porque las instituciones de seguridad pública no cuentan ni con los presupuestos ni con las capacidades técnicas para implementar proyectos de profesionalización de gran calado (y, en cambio, están colonizadas por burocracias rapaces y muy ingeniosas para la simulación y el desvío de recursos). De hecho, fue por falta de presupuesto que la Gendarmería Nacional de 40 mil elementos, la gran corporación policial que Peña Nieto nos iba a legar, terminó por ser una pequeña división dentro de la Policía Federal, integrada por apenas cinco mil gendarmes.

Meade también insiste en “quitar el dinero, los bienes y las armas” a la delincuencia organizada. Otra idea de siempre, que suena bien pero que ya se ha intentado y que no ha sido viable. Para el tema de los bienes se aprobó desde 2009 la Ley Federal de Extinción de Dominio; para el dinero la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita (aprobada desde 2012). Confiscar los bienes ha sido imposible, pues en la mayoría de los casos el Ministerio Público no puede acreditar que éstos se usen en actividades delictivas. En la Ciudad de México sólo se gana a los presuntos criminales el 10 por ciento de los juicios de extinción de dominio. En materia de lavado de dinero tampoco se tienen mayores avances. Incluso en economías mucho más bancarizadas que la nuestra, el porcentaje de activos del crimen organizado que son incautados vía inteligencia financiera es marginal. Por otra parte, la pretensión de “cortar el flujo de armas” no es creíble, considerando la porosidad y extensión de nuestras fronteras y nuestros litorales. Sospecho también que la demanda de armas es inelástica (es decir, que se mantiene incluso si aumentan los precios). Si este es el caso, lo único que se conseguiría con más incautaciones sería incrementar la rentabilidad del contrabando, un efecto que un economista como Meade debería entender bien.

Las propuestas recicladas siguen: cámaras de vigilancia (no se puede decir que se trate de una idea novedosa y tampoco se puede considerar una acción estratégica); querer hacer pasar la política social como política de prevención del delito (como si la desigualdad –así, sin matices– ocasionara la delincuencia); un Código Penal único (una idea que Peña Nieto lanzó en varias ocasiones y que no pudo concretar).

Entiendo que las campañas no necesariamente son el mejor momento para presentar propuestas demasiado complejas. Sin embargo, lo que Meade propone tampoco tiene impacto desde una perspectiva comunicacional. No se trata de ideas frescas que puedan entusiasmar o movilizar a sectores amplios de la población. En resumen, no parece que Pepe Meade y su equipo tengan ni la visión para solucionar la crisis de violencia e inseguridad del país, ni la creatividad para cautivar a los electores.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.