Opinión

Ecos de campaña: Cadena, Zepeda

  
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Las campañas dejan una gran cantidad de anécdotas. Los candidatos que terminaron las suyas el miércoles habrán recolectado una buena variedad. Los recorridos, las grabaciones, los ensayos de los debates, las discusiones de las tácticas y las estrategias, los errores, los eventos chuscos, lo que salió mal. En fin que, por lo menos, cosas por contar les quedarán a todos los que participaron en ellas.

A los que nos tocó verlas desde lejos algunas cosas nos quedan. Las campañas a gobiernos locales han tomado en el último par de años una relevancia inusitada. El año pasado el triunfo del PAN en varios estados dejó un ambiente festivo por la derrota sufrida por el PRI en lugares en los que nunca había gobernado otro partido. El escenario se puede repetir. No es aventurado decir que el PRI puede perder todo el domingo. Eso anunciaría una debacle inesperada para ese partido, pero deseada por muchos desde hace tiempo. Claro que si gana Edomex, se harían de un tanque de oxígeno enorme, les regresaría su espíritu triunfalista y, si gana también Coahuila, pues ya se ven de nuevo en 2018. Tendremos que esperar un par de días para saber eso.

Ya la semana pasada comenté en este espacio cómo la candidatura de Delfina había destapado una de nuestras peores lacras: el clasismo. Pero hubo más en estos procesos de búsqueda del voto. Por lo pronto, en el transcurso de las campañas hizo su aparición un personaje singular: Eva Cadena. Esta mujer de Veracruz saltó a la escena nacional en un video en el que se le entrega dinero para López Obrador. Hay que decir que ese primer video –porque le siguieron otros– es bastante burdo, pero admitamos también que ese tipo de cosas son bastante toscas. La señora de pronto desapareció, regresó por su fuero, como también había regresado por más dinero. Dice que devolvió la primer entrega, pero nadie sabe a quién. Es curioso que no mencione a quienes la embaucaron en un escándalo nacional. Pero más allá de eso, era la candidata favorita de Andrés Manuel en un municipio de Veracruz. Inmediatamente todo Morena la negó, la vio como la apestada o más bien como la mensa a la que descubrieron, porque según confesó esta semana la propia diputada Cadena, lo que hizo es un modo de operar común y corriente en el partido de López Obrador. ¿Qué va a pasar con ella y su Mercedes Benz con el que se transportaba en su tierra la diputada? No lo sabemos, pero no admite ser juzgada: “Sería una locura que yo me prestara a autosacrificarme, a mí me ha quedado claro que son mejor que Dios, aquí ya juzgaron y sentenciaron, ni siquiera Dios sentencia sin juicio previo. Mi verdad está en la ley, en mi palabra, en mi trabajo. Creo en la ley y en Dios”.

Otro personaje singular es el candidato perredista Juan Zepeda. Creció como la espuma y se volvió personaje de moda. Todo se le festeja. Qué gran candidato, qué buen orador, qué temple para enfrentarse a López Obrador. Qué buena onda que fue metalero de chavo, qué alivianado es porque toca la guitarra, se avienta sus rolas. Su negativa a declinar le amargó la vida a López Obrador y sacó del cementerio al PRD. Se le ha dado el tratamiento tipo nace una estrella. Veremos si le dura el brillo después de la elección.

Twitter: @JuanIZavala

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