Opinión

Economistas como entretenedores

De acuerdo con investigadores de Gran Bretaña, más de la mitad de los consejos de salud que da el Dr. Oz carecen de base (sus afirmaciones no tienen evidencia) o están equivocados (hay evidencia, y contradice lo que dice). Julia Belluz, de Vox, nos dice que no debemos sorprendernos: “Después de todo, está en el negocio del entretenimiento”, escribió recientemente (lea su artículo aquí: bit.ly/1AdhhYN.)

Pero la cosa es que en el mundo hay muchos doctores Oz, incluyendo en áreas que podrían no considerarse del negocio del entretenimiento.

Recientemente, unos planificadores de conferencias intentaron reclutarme para un evento donde estaría presentando el punto de vista alternativo al ofrecido por los economistas Arthur Laffer y Stephen Moore. Estamos hablando del mismo Arthur Laffer que en 2009 nos advirtió sobre inflación y tasas de interés crecientes gracias al rápido crecimiento de la base monetaria, y del Stephen Moore que a principios de año fue expuesto en una columna del Kansas City Star por usar números falsos para promover recortes impositivos a nivel estatal.

Obviamente, estos “expertos” apelan a los prejuicios políticos de una audiencia empresarial, pero tomar sus consejos también le habría costado mucho dinero. Entonces, ¿por qué sus repetidos errores humillantes no han mellado su popularidad? ¿También están en el negocio del entretenimiento?

En cierto grado, la respuesta es afirmativa. El economista Simon Wren Lewis escribió recientemente un artículo interesante sobre por qué el sector financiero compra explicaciones macroeconómicas realmente malas (léalo aquí: bit.ly/1CqlNmw). Sugirió que las firmas financieras realmente no están interesadas en nada que no sea pronósticos de muy corto plazo, y que “los economistas que trabajan para instituciones financieras pasan más tiempo hablando con los clientes de sus instituciones que con operadores de mercado. Ganan dinero narrando historias que interesan e impresionan a sus clientes. Para ello, ayuda si tienen la misma visión del mundo que sus clientes”.

Pensar en el Dr. Oz también ayuda a explicar un problema relacionado. Incluso si concedemos que los conservadores quieren supuestos expertos que se conforman con la línea ideológica, ¿por qué no pueden encontrar tipos al menos competentes?

Mi respuesta ha sido que cualquiera que sea suficientemente competente para evitar estos errores también sería poco confiable; en cierto punto, de hecho pudiera defender sus principios, o al menos mostrarse reacio a abandonar completamente la ética profesional. Y sigo pensando que esto es parte de la historia.

Si el Dr. Oz fuera el tipo de persona que estudia detenidamente evidencia médica para asegurarse que sabe de lo que habla, probablemente no podría proyectar la imagen que lo hace ganar una audiencia tan grande. Similarmente, un economista a sueldo que de hecho sepa cómo descargar gráficos de bases de datos económicas probablemente no tendría el tipo de alegre certidumbre en el dogma de ala derecha que quieren sus patrones.

Entonces, ¿cómo respondemos los que no somos tan simplistas? Con el ridículo, obviamente. No es crueldad; es una estrategia.