Opinión

Economía y elecciones

Contrasta el optimismo del Pacto por México con las expectativas económicas y la popularidad del presidente. Mientras el Congreso presume los resultados legislativos de 2013 —y con mucha razón porque varias reformas son muy positivas, aunque algunas regresivas. La opinión de la gente de carne y hueso es muy diferente.

Mientras Peña Nieto es reconocido en foros internacionales como un gran reformista, en el país los ciudadanos no saben de qué sirven esas reformas que tanto se presumen. La gente quiere más ingreso y más empleo y aún no se materializa. Mientras el gobierno estima que en 2014 la tasa de crecimiento será de 3.9 por ciento, muchos analistas y bancos la ubican por debajo del 3 y hasta en 2.6 por ciento. La semana pasada, el FMI señaló que México crecerá 3 por ciento en 2014, casi 2 puntos por debajo de las expectativas para las economías emergentes.

Todas estas variables afectan la confianza de los consumidores y envían señales contrarias a los ciudadanos: por un lado, la efectividad del gobierno para aprobar las reformas estructurales y, por otro, la economía sigue sin muestras claras de mejoría, al igual que la violencia en el país.

Por eso la euforia de MeMo (el Mexican Moment) va por un lado, mientras que las expectativas de la población corren por otro sendero. Según los datos del poll of polls realizado por Buendía y Laredo, la aprobación presidencial tuvo un incremento importante en los primeros meses de 2013 y alcanzó su pico en febrero (56 por ciento); sin embargo, desde entonces ha caído sostenidamente hasta llegar a 42 por ciento en febrero de 2014: una caída de 14 puntos porcentuales en tan solo un año.

Cabe resaltar que la tasa de aprobación presidencial es la segunda más baja de los últimos sexenios, sólo superada por el primer año de Ernesto Zedillo, quien enfrentó una caída de casi 7 por ciento del PIB. Según los datos de Consulta Mitofsky, la tasa de aprobación de Salinas de Gortari fue de 69.2 por ciento al finalizar el primer año, mientras que las de Vicente Fox y Felipe Calderón fueron de 59.4 y 58.9 por ciento, respectivamente. En la estimación de esta casa encuestadora, la tasa de Peña Nieto cayó de 54 a 49.7 por ciento.

Mientras las reformas del Pacto por México no alcancen el bolsillo de los mexicanos, la retórica del cambio será sólo eso: retórica y celebración arriba sin reflejo abajo.

Si la economía no repunta para la segunda mitad del año, el gobierno y el PRI corren el riesgo de enfrentar las elecciones de 2015 en medio de la adversidad. El próximo año habrá elecciones para renovar la Cámara de Diputados, así como 9 gubernaturas, más de 600 diputados locales y cerca de mil ayuntamientos. El número de puestos de elección popular hace muy atractivas estas elecciones para todos los partidos, en particular por ser el preámbulo de la elección presidencial de 2018.

El gobierno acierta en impulsar una agenda reformista que enfrenta adversarios y el confort de quienes se niegan a perder privilegios. Pero las elecciones de 2015 están a la vuelta de la esquina y sus resultados son fundamentales para que el gobierno mantenga la gobernabilidad y la capacidad de ejecución de las reformas que aún hoy siguen siendo mayormente cambios de papel. Y la variable central se llama economía: "It´s the economy, stupid", como diría Bill Clinton en 1992.

Según Buendía y Laredo, hay una correlación muy alta entre confianza del consumidor y aprobación presidencial, y por lo tanto, entre la marcha de la economía y la intención del voto a favor del PRI. Esto significa que para que la aprobación presidencial cambie es necesario cambiar la perspectiva del consumidor, detonar el desarrollo económico para que los ciudadanos vean los beneficios de las reformas reflejados en sus bolsillos. Si esto no sucede pronto, es previsible que la aprobación presidencial se mantenga baja, lo que afectará los resultados electorales de 2015 y con ello la enorme capacidad que hoy tiene el gobierno para establecer la agenda reformista del país.