Opinión

Economía y elecciones

Cuentan que en algunas de sus visitas a México, Ernesto Zedillo aseguró que a pesar de los números iniciales insatisfactorios, la economía va a terminar bien, como ocurrió en su gobierno.

Seguramente tiene razón el expresidente, pero ese modelo conduce a la entrega del poder.

Desde luego que ahora no padecemos una crisis como la de 1995, cuando la economía se fue a pique y millones de mexicanos perdieron su patrimonio. Estamos muy lejos de una situación así.

Sin embargo, apostar las cartas políticas a un sprint de la economía en el último tramo del sexenio podría ser un error costoso para el partido gobernante.

El PRI perdió las elecciones presidenciales de 2000 a pesar de que la economía crecía a 7 por ciento.

Claro, para ello el gobierno de Zedillo contó con dos colchones eficaces: la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, y el periodo de expansión más prolongado de la historia de la economía de Estados Unidos.

Pero el electorado no perdonó la crisis de arranque del sexenio y votó mayoritariamente por el candidato más estridente de la oposición, Vicente Fox.

La historia posterior la conocemos todos: Zedillo es el ex Presidente con mayor prestigio internacional, debido a que entregó la banda a un opositor y con ello se inauguró la alternancia en el poder en México, algo que el mundo democrático vio como positivo y digno de aplaudirse.

Establecer un paralelismo mecánico entre aquellos años y la situación actual resulta forzado e impreciso, pues el país cambió -es plenamente democrático- y la alternancia dejó de ser novedad.

Además estamos en una nueva etapa, marcada por acuerdos inéditos entre fuerzas políticas opuestas que nos han llevado a la más profunda y esperanzadora era de reformas de los últimos tiempos.

Lo que resulta evidente para cualquier análisis, es que de retardarse la recuperación de la economía, los platos rotos los va a pagar el PRI en el 2018.

Puede ocurrir lo mismo que en 2000, que a pesar del crecimiento económico en la segunda etapa del sexenio, ganó la oposición.

O lo que sucedió en el sexenio de Felipe Calderón, que por las razones que fuere la economía no despegó en la primera mitad de su mandato y la balanza en la elección presidencial se inclinó contra el partido gobernante.

Vicente Fox despertó grandes ilusiones con sus ofertas de cambio, que no pudieron concretarse. Y su partido estuvo a medio punto de que su llegada a Los Pinos fuese debut y despedida.

En síntesis: lo que nos dice la historia reciente es que dañar las expectativas ciudadanas al arranque de una administración tiene costos electorales elevados.

¿Está condenado el PRI, desde ahora, a perder la presidencia en 2018?

No necesariamente. La economía tiene tiempo para recuperarse. Pero no mucho.

Estelas.

El Senado anunció foros sobre las leyes secundarias de la reforma energética, y los que querían debatir no van a asistir. Manlio Fabio Beltrones dio a conocer que en la Cámara de Diputados también se instalarán mesas de discusión sobre el tema, y aún no hay respuesta de los que exigen debate. Doble contra sencillo a que no van a ir, porque su apuesta es decir que esas leyes se van a aprobar sin discusión pública. Lo suyo es táctica dilatoria, nada más.