Opinión

Ebrard se salva de los pecados que HSBC sí paga

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Marcelo Ebrard en la Cámara de Diputados. (Cuartoscuro)

Ayer fue un pésimo día para HSBC. Fiscales del cantón de Ginebra, en Suiza, ingresaron a las oficinas de ese banco para perseguir criminalmente a quienes estuvieron involucrados en lo que el Ministerio Público considera posibles acciones agravadas de 'lavado' de dinero. Este delito es uno de los pecados más graves en el mundo desarrollado. Los ejecutivos de HSBC en Suiza podrían ir a la cárcel.

Esta acción ministerial ocurre después de que el fin de semana el CEO del banco, Stuart Gulliver, se disculpara a través de comunicados por las filtraciones de la semana anterior, cuando se supo que este banco auxilió a miles de personas a evadir el pago de impuestos en varios países a través de esa filial en Suiza. Como se supo, entre esas personas hay dos mil 642 mexicanos cuyas cuentas ya están siendo investigados por el SAT, que tardará hasta dos años en realizar la investigación porque la lista filtrada no es oficial.

Pero lo que más llama la atención de lo ocurrido ayer es el precepto legal que invocó la Procuraduría suiza para meterse a las oficinas de HSBC en Ginebra y perseguir a sus ejecutivos con cargos criminales. Se trata de ciertos artículos del Código Penal que permiten a la autoridad perseguir a una empresa y procesarla incluso si sus empleados no son presuntos culpables de manera individual. Bajo esa ley, la empresa puede ser indiciada por haber omitido establecer los controles y medidas para que se cometieran los ilícitos. En pocas palabras: se persigue al “sistema” que permitió el delito y no a las personas en lo individual; aunque estas últimas se convierten en indiciadas si participaron en el “sistema”.

La ausencia de un precepto legal como el anterior en México es lo que explica que alguien como Marcelo Ebrard, exjefe de Gobierno del Distrito Federal, ande tan campante defendiéndose mediáticamente del desfalco millonario y de los problemas de la Línea 12 del Metro, y que incluso haya perseguido una candidatura a una diputación. Ebrard se defiende como individuo, afirmando que él no es experto técnico en materia de trenes y que confió en los dictámenes técnicos de quienes sí eran expertos. En última instancia, Ebrard se deslinda y responsabiliza al “Sistema de Transporte Colectivo Metro” y a la empresa española CAF, que vendió los trenes.

La ausencia de una ley mexicana como la que se tiene en Suiza es lo que permite que miles de políticos y empresarios se “echen la bolita” cuando aparece un fraude o un ilícito: Esa decisión no la tomé yo; a mí nada más me tocaba X o Y autorización; la culpable es la otra ventanilla… Por eso no caen peces gordos. En Suiza, en cambio, los caros ejecutivos de HSBC en Ginebra podrían próximamente pisar la cárcel.

Twitter: @SOYCarlosMota

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