Opinión

Dunford, a conducir el retiro militar de Afganistán


 
En medio de discursos triunfalistas, aunque sin dejar de reconocer la plaga de la corrupción que devora al 'gobierno' de Hamid Karzai, el general de Marines Joseph F. Dunford Jr. asumió ayer el mando de la Fuerza Internacional de Asistencia en Seguridad (ISAF) en Afganistán, con miras al retiro estadounidense en 2014.
 
Propuesto discretamente al Senado por Barack Obama en octubre, en correspondencia a uno de los grandes temas que no se trataron en la campaña electoral -pese a que Washington gasta en promedio 10,000 millones de dólares mensuales en las operaciones bélicas-, Dunford, quien participó en la dirección del asalto de 2003 a Irak, sustituirá al general John Allen, jefe de la ISAF durante un periodo de 19 meses que atestiguó la derrota virtual de sus tropas en la guerra más larga de Estados Unidos, con 11 años, y la descomposición acelerada del régimen de Karzai, caracterizado por el narcotráfico, las corruptelas y una absoluta dependencia de los aliados.
 
No resultó casual que Dunford fuera nominado poco después de que Allen ordenara suspender las operaciones de sus efectivos con el ejército y la policía afganos, desmoralizados y cada vez más reacios a respaldar la ocupación, además de haber sido infiltrados por el Talibán para lanzar una devastadora serie de ataques 'verde contra azul', que contribuyó a que las bajas mortales norteamericanas desde 2001 rebasaran la barrera de las 2,000.
 
Ayer, sin embargo, informó Reuters, Dunford afirmó en su fortaleza de Kabul que la ceremonia de transferencia del mando "no se trata de un cambio, sino de la continuidad. Lo que no ha cambiado es la voluntad de esta coalición y nuestro éxito inevitable". En el acto, donde brilló por su ausencia Karzai, quien visitó la Casa Blanca en enero y se dijo 'muy feliz' porque sus hombres tomarán en primavera la 'responsabilidad' por la seguridad en la mayor parte del país, al tiempo que las tropas del Pentágono finalizan sus acciones de 'combate', Allen pronosticó a su vez que 'en 10 años, Afganistán no volverá a ser un lugar entre imperios, capturado entre las ruedas de la política internacional'.
 
A Europa
 
Nombrado en enero supremo comandante aliado en Europa, tras ser exonerado de su participación en el escándalo Petraeus, Allen aseguró que 'las fuerzas afganas defienden al pueblo afgano y le permiten al gobierno trabajar para sus ciudadanos. Esta es la victoria. Así es como se ve ganar'; no obstante, aseveró que 'alcanzamos un punto en el que la retórica, si bien alentadora, ya no era suficiente. Tiene que ser acompañada por una reforma real y significativa, que reduzca la capacidad de las redes criminales para debilitar y apoderarse de las instituciones del Estado'.
 
Lo anterior, luego de que la semana pasada Jean-Luc Lemahieu, titular de la oficina local de Naciones Unidas Contra las Drogas y el Delito revelara que en 2012 el costo de la corrupción ascendió a 3,900 millones de dólares. Según una encuesta efectuada por la dependencia, la mitad de los adultos afganos pagó sobornos a por lo menos un funcionario público, mientras que 68% consideró aceptable que los burócratas complementen sus bajos salarios recibiendo 'pequeñas mordidas'. Más alarmante aún, el sondeo indicó que el número de estudiantes que sobornó a sus profesores creció de 16% en 2009 a 51% en 2012.
 
Por su lado, el Servicio Legislativo de Investigación de EU denunció que Karzai y sus esbirros nada han hecho para impedir la fuga de capitales producto del narcotráfico y del crimen organizado, que sumó 4,500 millones de dólares pese al establecimiento de nuevos controles en el aeropuerto internacional de Kabul, una de las vías favoritas para la salida de dinero en efectivo.
 
Pese a su degradación, es probable que el régimen de Karzai conseguirá sostenerse más allá del próximo año. Dunford no lo dejará caer aún con el retiro de la mayoría de sus fuerzas, pues el presidente afgano negocia con Obama estos días un 'acuerdo' que mantendrá de 6,000 a 20,000 soldados estadounidenses, a cambio de garantizarles inmunidad ante los tribunales del país o la Corte Penal Internacional.