Opinión

'Duartear', neologismo cleptocrático

 
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Duarte

Las coincidencias y similitudes que envuelven los casos de los exgobernadores de Chihuahua y Veracruz (que pudieran englobar a los de Sonora, Nuevo León, Quintana Roo, Coahuila o Tamaulipas), bien pudieran dar origen a un nuevo verbo, ilustrativo de la recurrente conducta de ilegalidad en el ejercicio del servicio público, en toda corriente ideológica y en todos los estratos del aparato estatal.

'Duartear', así como en las primeras décadas del siglo pasado se acuñó el vocablo 'carrancear', daría cuenta y resumiría en una sola palabra la iniquidad de un fenómeno que se ha instalado en México como idiosincrasia.

La honrada medianía juarista languidece como virtud y cede su espacio a la pasión irrefrenada de la ambición, la vocación por el enriquecimiento desmedido y el abuso del poder delegado.

La moral pública seducida por la codicia, se torna en vulgar retórica, canto de sirenas, obsceno espejismo que se nutre del desencanto ciudadano en cada contienda electoral con el único fin de acceder al trono y a sus privilegios.

El término 'duartear', dada la experiencia que padecemos cotidianamente, es de aplicación universal y no discrimina función, cargo, ideología, partido o corriente.

Aglutina conceptos que caracterizan la ética pública en nuestro país: engaño, exceso, lenidad, aquiescencia, cinismo y disimulo y puede fácilmente ser conjugado como otros tantos verbos de nuestro florido léxico para expresar ideas multifuncionales.

Con este sólo vocablo, el ciudadano podría expresarse cuando se sienta engañado, utilizado, saqueado, empobrecido, violentado, extorsionado o desprotegido por sus gobernantes cuando, al término de la administración en turno, se enfrente a la recurrente crisis, a la calamidad, a la inseguridad y a la eterna zozobra.

En vista de los tiempos que se avecinan, nuevos paladines van a la contienda, no lo vayan a duartear.

Correo: grhhuizar@gmail.com

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