Opinión

Duarte y otras vergüenzas

 
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ME. El show de Marcelo Ebrard.

¿Lo dejaron escapar? Se adelantó tanto la versión de las acusaciones en contra del gobernador con licencia Javier Duarte que, simplemente, ¿prepararon su huida?

El PRI no es el gobierno, aunque muchos piensen que es lo mismo, o casi. Enrique Ochoa no tiene las facultades para perseguir, detener, declarar o encarcelar a Javier Duarte, aunque en su discurso –de profilaxis política– pretendiera deslindar a toda costa a su partido de las acciones de corrupción. Me temo que la evaluación de si lo logra o no la harán los electores en los próximos comicios: Coahuila, Estado de México, como fundamentales.

El debate sobre la vigencia y alcance del fuero constitucional está vigente.

Algunos diputados afirman que ha vencido desde el momento que dejó el cargo, aunque sea por vía de la licencia, mientras que académicos y constitucionalistas señalan lo contrario: Duarte tiene fuero hasta el último minuto de su administración, porque no renunció, sino que es hoy, ‘gobernador con licencia’.

De cualquier forma, lo ha reconocido el secretario de Gobernación, no se le encuentra por ningún lado. Técnicamente, se dio a la fuga.

¿Es acaso que vemos una película distinta el gobierno y la ciudadanía? ¿Es que no observamos los mismos hechos, los mismos riegos, los graves y delicados balances y equilibrios?

A los ojos de la opinión pública, no lo tengo medido ni sustentado en datos provenientes de una encuesta con muestra científica ni diseño metodológico, pero me atrevo a señalar que la desaparición de Duarte ofende y lastima a una ciudadanía que espera –de esperanza, lejana, ilusoria pero aún subsistente– que la autoridad haga su trabajo. Que la autoridad encienda una luz roja e imponga un alto al robo, al latrocinio, al rampante acto de corrupción, al desfalco, al desvío de fondos, a la creación de fideicomisos fantasma, a los incontables pagos a empresas inexistentes, al despojo a legítimos propietarios de terrenos e inmuebles, y sume usted una lista interminable de abusos y delitos, orquestados, implementados, desde distintos servidores y funcionarios públicos de diverso nivel y responsabilidad. En los municipios, en los gobiernos estatales y también en el federal.

El año entrante se realizarán elecciones en Coahuila, un estado golpeado, herido, ofendido por la deuda de un gobernador que dejó a su entidad con créditos contraídos por medio de trampas y falsificación de documentos. Humberto Moreira tiene la pretensión de presentarse en 2017 como candidato del PRI –de dónde más– al gobierno municipal de Saltillo. Si el discurso y las acciones tomadas por el presidente del PRI son reales, son auténticas y –como afirma con claridad y firmeza–van en serio y a fondo, por qué no inician procesos de expulsión y retiro de privilegios y garantías partidistas a los señores Moreira, Borge, Medina, Duarte –el del norte– para empezar a probarle a la ciudadanía, a la que los elige y evalúa, que este esfuerzo de limpieza interna es auténtico.

Y vamos volteando al PRD señores, donde tienen mucho que decir y sólo se ocultan señalando a los tricolores, como el propio señor Anaya. Entre los amarillos, ¿qué tal Ángel Aguirre? ¿O qué le parece Marcelo Ebrard?

Eliminar la corrupción, atajarla, combatirla, reducirla y desterrarla de la cultura política de este país sólo será posible con el compromiso verdadero de funcionarios y líderes partidarios. Este gobierno federal, con tristeza, ha demostrado que el tema no es una prioridad, y que cobija y protege a personajes de dudosa reputación, en vez de deslindarse e investigarlos.

Los partidos perderán toda credibilidad si no son capaces de actos decididos y auténticos de lucha contra esta corrupción que lo invade y lo acapara todo.

Twitter: @LKourchenko

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