Opinión

'Dreamers' en peligro

    
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Manifestantes exigen que se mantenga el DACA. (Bloomberg)

Los medios estadounidenses y extranjeros esperamos desde hace poco más de 10 días la notificación oficial de la Casa Blanca acerca del fin de DACA (Deferred Action for Childhood Arrivals). Desde su presencia en Arizona y su hostil discurso hace poco más de ocho días, hasta el día de hoy –se espera que hoy mismo emita un comunicado− el presidente Trump ha cavilado con la idea, el anuncio y el golpe para cerca de 800 mil jóvenes extranjeros (80 por ciento de origen mexicano) protegidos por ley, para continuar sus estudios en Estados Unidos.

DACA fue una creación del presidente Obama con un apoyo importante de ambos partidos. A todos aquellos niños que llegaron como inmigrantes, en su mayoría ilegales a Estados Unidos, pero que al paso de los años habían estudiado y demostrado constancia en la escuela, los eximió de la deportación estipulada por la ley −debido a su ingreso− y les permitió seguir sus estudios.

El DACA señala que la acción de deportación 'es diferida' hasta que concluyan sus estudios. Se calcula que en ocho años el Acta ha protegido a cerca de 800 mil jóvenes.

Son esos a quienes se les conoce popularmente como dreamers, quienes a pesar del ingreso ilegal se convirtieron en estudiantes, buena parte de los cuales son modelo y ejemplo en sus escuelas, y se han ganado el derecho a permanecer estudiando.

El DACA estipula que toda la información proporcionada para recibir el beneficio −largos interrogatorios que registran la entrada original, fechas, rutas, tiempos de estancia, viviendas, direcciones, escuelas, etcétera− debe ser borradas (delete dice textualmente) y que no podrán ser compartidas o utilizadas por las corporaciones fronterizas para el ejercicio de su trabajo: detectar y deportar inmigrantes ilegales.

La administración Trump, urgida de una 'victoria' frente a sus electores, considerando el lamentable récord de gobierno, contempla ejecutar el DACA e iniciar de 'facto' la expulsión de miles de jóvenes estudiantes que, por cierto, representan la mejor parte de la inmigración. Son los hispanos modelo −en su mayoría−. Los emprendedores, los científicos, los médicos e ingenieros de los que posteriormente la sociedad americana se siente tan orgullosa.

Son esos los que Trump, en aras de un reconocimiento por parte de sus votantes, pretende deportar al cancelar al Acta en su conjunto.

Sin embargo, la administración enfrenta una crisis legal porque está impedida de utilizar los datos, la información, identidades y domicilios que los jóvenes compartieron bajo la protección de una acta firmada por el Congreso. Es decir, Trump tendría que violar la ley para ubicarlos, identificarlos e iniciar una enorme redada, detenerlos y enviarlos a la frontera.

Ya existen muchos mecanismos legales activados por los consulados mexicanos para proteger jurídicamente a los estudiantes. Sin embargo, nadie puede garantizar la forma en que el gobierno estadounidense actuará si el presidente Trump elimina DACA.

Las últimas versiones señalan que anunciará la cancelación del programa, pero otorgará seis meses de plazo para que el Congreso modifique los términos del Acta e inicie una salida gradual y ordenada de estudiantes. Lo cierto es que habrá una enorme oposición −hay ya en las calles de muchas ciudades americanas− por parte de congresistas y de movimientos de la sociedad civil.

Una batalla más de Trump con el Congreso, los partidos −el suyo incluido− y sobre todo con la ciudadanía. Cuando lo político se impone a lo racional y lo justo, sólo en aras de una pírrica victoria frente a una sociedad dividida y decepcionada de su presidente.

La crisis no concluye ahí, porque muchos miles de esos estudiantes, que salieron de México siendo niños y hoy están en secundarias y preparatorias, ya no son mexicanos. Si vienen de regreso, con todo y la ley de protección aprobada en México, se sentirán en un país y una tierra que no conocen, con una lengua que no hablan y un plan de estudios que no está preparado para incorporarlos. ¿Por dónde empezamos? ¿por enseñarles español, o matemáticas de primer grado?

Drama grave y de consecuencias aún no conocidas, que puede tener un muy serio impacto en jóvenes mexicano-estadounidenses que no son de aquí y tal vez, Jaime Rodríguez Calderón, si esto se aprueba, tampoco de allá.

Twitter: @LKourchenko

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