Opinión

Dos, sólo dos puntos del Segundo Informe

Nuestra prensa, la mexicana, se ha ocupado en dos días del mensaje que Enrique Peña ofreció a la nación el pasado 2 del presente, con la misma intensidad y profundidad con que fue analizado el primer alunizaje en 1969. Predominan quienes lo elogian y ponen en relieve la valentía de haber impulsado reformas que hablan de una persona que da valor a lo que puede hacerse más allá de su sexenio. Los hay también aunque en reducido número quienes hablan de lo que, a su entender faltó o fue poco destacado.

En este reducido espacio, deseo tocar sólo dos puntos, el primero tiene que ver con lo que será, en boca del mismo presidente, la obra de infraestructura más importante de estos años: el aeropuerto tan necesitado y deseado que dé servicio al altiplano. Los ganadores del concurso para diseñarlo lo forman una pareja que sólo el dinero o un mago pudo reunir.

Por un lado está Norman Foster, arquitecto singular y de una talla universal. Junto con Renzo Piano, Richard Rogers, Santiago Calatrava y Pei, forman la más notable élite de arquitectos contemporáneos. Foster es quizás el diseñador más premiado y reconocido. Sólo su nombre es garantía de que el aeropuerto mexicano será una pieza maestra.

En cuanto a su acompañante, Fernando Romero, es un profesionista discutible, pues tiene en su haber obras muy distantes de su asociado temporal; sin duda lo más conocido es el Museo Soumaya acordado por su suegro, el señor Carlos Slim, el mismo que es reconocido por la revista Forbes como el hombre más acaudalado del planeta.

Bien sabemos que el diseño de una obra no será necesariamente construida por su creador y, hasta donde sabemos, éste es el caso. La interrogante inmediata es obligada, ¿hasta dónde la constructora y los múltiples negocios del suegro se servirán del diseño ganador?

Ojalá y la respuesta que se dé sobre quiénes serán los mexicanos constructores, disipe cualquier duda y el aeropuerto sea para bien –no de un empresario– sino para el país, tal como lo necesitamos.

El segundo punto, entre tantos, es la inocultable pericia política del presidente Peña. No sólo en la realización de las 11 reformas, sino también en el listado de trabajos y obras concretas que ya se realizan; en el orden político, como otros, bien hubiera podido interferir para que a las presidencias de las cámaras legislativas no llegaran adversarios políticos tan connotados como los miembros del PRD. Para los anales estará que la democracia mexicana camina y en algunos tramos hasta corre.

El señor Nicolas Sarkozy no solamente no pudo reelegirse en Francia, la variopinta oposición le impidió realizar los cambios y las reformas que anunció en su campaña presidencial.

Don Barack Obama ha visto obstaculizado su gran proyecto del Medical Care que hubiera beneficiado las clases medias y pobres de Estados Unidos. El interés de la aseguradoras ha sido determinante. La reforma migratoria en la que puso tanta energía, ha sido echada abajo por la parte más radical de los republicanos.

Habría más ejemplos, incluyendo la sangrienta aventura de Putin en Ucrania.

¿Quién puede hoy ignorar que tenemos en la Presidencia a un reconocido líder capaz de diseñar esperanzadores y productivos escenarios para el país?