Opinión

Dos siglos mexicanos

Para Fernando Tola de Habich

Tiempos hubo en que la conciencia nacional (expresión, lo juro, que volverá por sus fueros), se sacudía con nuevos hallazgos arqueológicos.

Monte Albán en el profundo sur; Cuicuilco, aquí nomás cerquita. A modo de ejemplo.

Lo sabido o intuido se venía al suelo como las Casas-Huevo del Infonavit o la fama televisiva del Canelo. Y, pródigas, se habrían puertas para el entendimiento del presente.

Pendiente queda todavía, por cierto, la precisa reconstrucción naval, tecnológica, política, social, de la batalla en la que, finalmente, cae Tenochtilán. Desastre equivalente a la ruina de Troya o de Cartago.

Bien. Metidos en asuntos históricos, apunto que formidable línea de investigación (como se dice en la jerga académica), la propone el examen, corrido, de los siglos XIX y XX mexicanos. Desde luego, también, con frutos en el presente. La historia, dijo alguien por ahí, es “aquí y ahora”.

Dos siglos, decimos nosotros, con altísimo valor nutritivo.

Emancipación político-jurídica (no más Posesión de Ultramar, Colonia de Metrópoli Europea); elección, entre las formas posibles, Monarquía o República, de la segunda, la moderna; encontronazo Liberal-Conservador; dos fiebres monárquicas (una local, Iturbide; otra foránea, Maximiliano el Desdichado); asonadas, levantamientos, cuartelazos, caudillismo; primera intervención norteamericana, con brutal pérdida territorial (parajes hoy por hoy de Reconquista, y no sólo cultural y culinaria; no todo es, tras la frontera, afición afroamericana al paliacate, y WASP a las tortas ahogadas).

Sigue.

Derrota Conservadora. Emancipación del poder colonial remanente, el de la Iglesia Católica. Intervención francesa napoleónica (por el otro Napoleón, el III, El Pequeño), mandada, a la postre, a freír espárragos, reembarcada por donde llegó. Restauración republicana en su triple pero conectada dimensión: política del laicismo, cultural de El Renacimiento (mi paisa Altamirano), y educativa (Escuela Nacional Preparatoria; Enseñanza Positivista que, la verdad, se pasó de tueste).

Sigue.

Ya lo dijo Alfonso Reyes: porfiriato igual a régimen (I877-I9II), porfirismo igual a adhesión personal al caudillo, porfiriano igual a rasgos de la época. Pues bien: larguísimo Porfiriato, con el interregno, apenas estudiado de Manuel González (I880-I884).

Que incuba la Revolución Mexicana en sus dos etapas: la externa de la democracia electoral, la de Madero (retomada a parir de 1968 y hoy por hoy traducida en el cínico Despotismo de los partidos políticos, registrados y por registrar); y la interna, profunda, la de las banderías sociales y económicas (aceptada a regañadientes por Carranza, sin retobos por Obregón, Calles y Cárdenas el genuino).

Sigue.

Posrevolución (de Ávila Camacho a Díaz Ordaz). Agitación gremial. Gran Esperanza. Péndulo: al maestro de dominó lo sucede el joven López Mateos, vasconcelista en su hora y mujeriego, rodeado de estadistas, expresión esta sí recuperable quién sabe cuándo (Torres Bodet en la SEP: Museo del Caracol, Museo de Arte Moderno, ¡Museo Nacional de Antropología!,  en pleno Reforma; Manuel Tello en la Cancillería; Ortiz Mena en Hacienda). Desarrollo Estabilizador. Diputado de Partido. Papa caliente de las Olimpiadas.

Sigue.

I964-I970: autoritarismo, barbarie gubernamental. El 68, movimiento, a fe mía, todavía no escudriñado a fondo en sus raíces y ramificaciones (justicieras, rebeldejuvenilistas y de coyuntura: sucesión presidencial, nuestra pulsión ancestral) 1970-1976: desquiciamiento en la cima, impostura nacionalista, despilfarro. 1976-2000: los “Arrepentidos” del Poder, el adelgazamiento a lo tarugo del Estado, la tecnocracia, el Liberalismo Social también sin ton ni son. En el camino, a mi modo de ver “imitación extralógica” de la España después de Francio, la LOPPE, uno de los polvos del actual lodazal de la escena política; disque autonomía de Comisiones, Institutos. Triunfo foxista (que no del Pan histórico). Plena des-instauración de la revolufia.

Papel decisivos guardan, en este largo proceso (¿dos siglos dos!) la cultura y las letras. Asociaciones Literarias, como la de Letrán. Literatura propia: Altamirano, Manuel Gutiérrez Nájera. Emancipación literaria: Modernismo. Revistas de avanzada en el contexto hispanoamericano (patria de la patria mexicana).

Apertura de la Universidad Nacional de México (autónoma a partir de I929).

Revuelta ateneístas de largo alcance.

Vasco educador.

Etcétera, etcétera.

¿Hemos cumplido la tarea, estratégica, de historiar a la cultura y las letras de los siglos XIX y XX?

No.

De las bases y presupuestos para tamaña empresa, me ocuparé la próxima entrega/transmisión.

Adelanto apoyaturas: Historia Cultural, Historia Intelectual.

Todo, reitero sin ambages, con el propósito de iluminar, el pasado consumado, sino este presente a troche y moche, desnorteado.