Opinión

Dos reyes en Madrid

  
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Toros

Viernes 13. Para los supersticiosos podría parecer un día complicado para enfundarse un terno en seda y oro y jugarse la vida ante dos toros en una de las tardes más importantes en la carrera de un torero, como es la confirmación de alternativa en Las Ventas de Madrid. Para Andrés Roca Rey fue una cita clave en su carrera. Acartelado con dos figuras del toreo: el francés Sebastián Castella y el español Alejandro Talavante, y toros de dos de las mejores ganaderías del momento en España: Núñez del Cuvillo y Conde de Mayalde. Lleno a reventar en los tendidos, aficionados de todo el mundo, y la presencia ni más ni menos que del rey Juan Carlos en una barrera, gran aficionado y un hombre fundamental para España.

El primer toro de la tarde fue para el confirmante, Roca Rey. Tras la ceremonia de confirmación se fue hasta la barrera del rey y le brindó el toro en un símbolo de respeto y educación, dos valores que están muchas veces en desuso en la sociedad moderna. Dos reyes en una plaza de toros. La faena de Andrés no cogió altos vuelos porque el toro se paró muy pronto, comenzó a defenderse y el peruano hubo de arrimarse hasta permitir que los pitones le rozaran el bordado de la taleguilla para encelar al toro y pegarle muletazos de uno en uno. Faena de gran mérito y exposición, la cual fue saboteada por un grupo de aficionados lamentables, que si bien hacen un contrapeso al mantener la exigencia a muy alto nivel, de toros entienden poco, muy poco, y me refiero al tendido 7. Las faenas hay que juzgarlas con base en las condiciones que tiene cada toro, ya que con ese cúmulo de virtudes y defectos el torero tendrá que resolver su faena e intentar emocionar al público en la búsqueda de la creación artística, que es el verdadero motivo por el que los aficionados vamos a los toros. Entrega total, pero falta de triunfo. Su turno fue hasta el sexto toro por ser el matador de más reciente alternativa.

Alejandro Talavante en el quinto de la tarde hizo una faena extraordinaria, a su aire, ante un toro que embistió, pero al que había que imponerse, y el extremeño lo hizo. Su mejor arma, el valor desmedido —valor del bueno, llaman los toreros—, no el alarde, sino la seria disposición de colocar el cuerpo en la línea de batalla y dejarle la muleta al toro en el hocico para que éste tenga incluso la opción de embestir al torero que está ahí mismo. La magia viene cuando Talavante, con talento y torería, mueve sutil y casi imperceptiblemente la muleta para enamorar al toro tras sus vuelos, llevándolo a escasos centímetros de la tela y logrando que el animal, con toda su bravura y poderío, gire una y otra vez alrededor de su cuerpo. Faena de inspiración e improvisación. La locura y emoción del toreo une un ruedo que muchas veces por la actitud de algunos sectores del tendido (en concreto el tendido 7), parece estar en contra del mismo. Una oreja de peso para un artista de peso.

Salió el sexto y en los jóvenes ojos del matador peruano había un brillo especial, las ganas y disposición de cumplir un sueño con la sabiduría fresca de un hombre que a sus 20 años va en camino de convertirse en maestro. Aquello fue mágico. Cuando una plaza de toros se entrega realmente ante la verdad del toreo, son momentos que no se olvidan; los que ahí estuvieron se llevaron en el alma emociones que los acompañarán toda la vida. Es la frescura de un joven que no hace nada distinto, simplemente lo hace de manera distinta, él no ha inventado suertes, lo que hace con el repertorio del toreo es darle la frescura de un ser tocado por la mano de Dios para convertirse en figura. Esta frase puede parecer de cajón, pero para que tenga el peso que realmente tiene, el torero tiene que estar dispuesto a pisar terrenos que pocos pisan. Su actitud y desmedido valor emocionan por sí solos; además, sabe torear, corre la mano con conocimiento de causa, torea muy bien, con gusto y largueza, moldea la bravura de los toros y es capaz de encontrarla por mucha o poca que sea en la esencia del animal.

El destino nos ha regalado otro gran matador en una época maravillosa de toreros.

Con la faena hecha y el triunfo en la bolsa, montó la espada y se tiró a matar dispuesto a morir; estoconazo y el corte de dos orejas en la tarde de su confirmación. Puerta Grande para Andrés Roca Rey.

Hay vidas que parecen de película, ésta es una de ellas, y no hay película que no sea exitosa si detrás no tiene todo el sacrificio por parte de los involucrados; el sacrificio, valor, el creer en un objetivo, no desistir y perseguir el sueño hasta lograrlo. Esta es la historia de un niño que soñaba con ser hombre, que dedicó su infancia a jugar al toro y que hoy tiene la oportunidad de hacerlo, ya no como juego, sino como forma de vida. Un ejemplo para los jóvenes, tengan la vocación que tengan, deben prepararse, dedicarse y aplicar los valores de la humanidad a su vida y profesión. Bien por Andrés, por toda su gente, por el maestro Campuzano y por el toreo.

Dos reyes en Madrid dieron muestra de que la fiesta está viva.

Twitter: @rafaelcue

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