Opinión

Dos Méxicos

12 diciembre 2013 5:2

 
De forma especialmente cruda y sobrada de realismo, hemos visto en los últimos días y horas el confrontado debate legislativo en torno a la reforma energética, la óptica contraria de dos versiones de un mismo país.
 
Ninguno de los dos está carente de demagogia y exageraciones, cuando el PRI y el gobierno afirman que esta reforma se convertirá en el brazo transformador de la economía nacional, como si la sola entrada de capital extranjero nos pudiera convertir al primer mundo económico.
 
El PRD y el PT se exceden al llevar al extremo su argumentación de defensa cuando afirman que PEMEX desaparece y que la CFE dejará de existir en dos años. Falso.
 
Mienten unos cuando sostienen que esta pieza legislativa será la herramienta que impulsará a México a una condición de empleo, desarrollo, inversión, distribución de la riqueza, conversión mágica en el país que no somos, que no hemos construido. Es equivalente al sueño popular de ganar la lotería nacional: “cuando la gane, haré ejercicio, comeré mejor, invertiré en toda mi familia, le compraré una casa a mis hermanos, ahorraré, etc. , etc.”.
 
Mienten los otros cuando pintan el escenario sombrío y lúgubre de la mano de obra mexicana sometida al esclavismo multinacional, de la propiedad nacional regalada a los voraces capitales extranjeros con los comisionistas cómplices que en este país nunca han faltado. Exageran con los arrebatados discursos de la “traición a la patria” y el juicio sumario, como si habláramos de Santa Ana y la cesión del territorio nacional.
 
Sin embargo, más allá de la palabrería de los discursos legislativos y los llamados a la resistencia civil pacífica en la plaza pública, me preocupa especialmente ese mal que el propio expresidente Calderón calificó de “endémico” hace apenas unos días: la corrupción.
 
Esa certeza que escapa a la percepción y se convierte en hecho consumado, lleva a los opositores a desconfiar, a sospechar, a buscar los caminos mediante los cuales –aseguran- se ha empeñado ya el patrimonio y la riqueza de la patria.
 
Son corruptas las delegaciones capitalinas que piden “el moche” para otorgar licencias y permisos, casi de toda índole. Son corruptos funcionarios y gobiernos que hacen negocios con particulares para encubrir ganancias sucias obtenidas del erario; son corruptos los funcionarios de todos los colores y partidos, que aprovechando su condición y facultad, aseguran su condición económica a costa del erario. Hoy llegan a mi mesa –las compartiré pronto- informaciones que sostienen inversiones millonarias de exfuncionarios de la administración pasada. Directores de paraestatales, asesores y directores de área, exintegrantes del gabinete. Es impensable que fortunas así se construyan de forma lícita. Pero sucede lo mismo en la Ciudad de México y en muchos estados del país.
 
Y por eso es justificadamente desconfiable pensar que los permisos y concesiones a empresas privadas nacionales y extranjeras para hacer todo lo que el dictamen aprobado de la reforma energética señala, suceda por encima de la mesa, en los términos jurídicos de la ley, sin ningún soborno, “ayuda”, “regalo” o sociedad encubierta.
 
México no posee los candados y los mecanismos para evitar y combatir la corrupción en todos sus niveles. No somos capaces de asegurar que las licitaciones y concesiones públicas, las asociaciones público-privadas y todos esos mecanismos en que se ejerce el presupuesto nacional, estén blindados contra la creativa, ocurrente y siempre presente corrupción.
 
La izquierda unificada –por ahora- en contra de la reforma no se equivoca en dudar, en cuestionar, en buscar los rincones oscuros del documento por medio de los cuales se permite lo que ellos falsamente llaman “la privatización”.
 
Son discursos llenos de verdades y falsedades al mismo tiempo. Es cierto que no se privatiza PEMEX ni la CFE, dejan de tener la potestad exclusiva de su función de origen, pero eso no significa que desaparezcan.
 
 
Los contratos de licencia ¿no son una forma encubierta de concesión, aunque no les llamemos de esa forma?
 
Para como se ve el panorama, en unos días tendremos reforma energética, con todo y el rechazo en el Angel, las tomas de tribuna y las cadenas a las puertas del salón de plenos en San Lázaro.
 
 
El gobierno no tendrá más remedio que demostrar en los siguientes cinco años que todo lo que dijo de desarrollo, crecimiento, infraestructura, educación, inversión para el país –no sólo para unos cuántos- se haga realidad. Aquí estaremos para reclamarlo.