Opinión

Dos Méxicos


 
 
Ayer domingo, los mexicanos fuimos testigos de las visiones sobre dos Méxicos. Uno catastrofista y otro optimista. No sé qué tan catastrofista el primero, ni qué tan optimista el segundo, pero radicalmente distintos, eso sí.
 
 
Y esto ocurre en un entorno complicado, donde vemos a un país enojado, harto, frustrado, desconfiado. Vamos por partes.
 
 
Primero, poco antes del mediodía, Andrés Manuel López Obrador volvió a lo suyo. A la movilización, a la satanización de lo que no coincide con sus ideas, a capitalizar el hartazgo de un pueblo cansado de esperar y de creer.
 
 
Por la tarde, el mensaje oficial. La visión optimista de un México que tiene que tomar decisiones poco populares, pero necesarias. Decisiones que no son lo radicales que algunos esperaban, pero las que aceptaron las partes en la negociación.
 
 
Llevó meses al equipo encabezado por el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, para llegar a esta reforma de carácter social encaminada a aumentar el producto interno bruto del país en más de uno por ciento.
 
 
“Necesitamos reformas para que el país crezca y ese crecimiento se vea reflejado en la economía familiar”, dijo en su mensaje el presidente Peña Nieto, y precisamente eso es lo que exigimos los mexicanos: que las medidas del gobierno, por dolorosas o amargas que sean, al final traigan bienestar para nuestras familias.
 
 
Así lo esperan millones de hombres y mujeres que han empeñado su vida al trabajo arduo para apenas sobrevivir. Cuyas esperanzas ya no están depositadas en su futuro inmediato, sino en el de sus hijos o nietos.
 
 
Por lo pronto, no hubo tal aumento de impuestos como lo anticipó López Obrador. El IVA se cobrará por igual en todo el país y no se tocan alimentos y medicinas.
 
 
Desaparecen el Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU), que tantas molestias provocó entre los empresarios, y el Impuesto sobre Depósitos en Efectivo (IDE).
 
 
La reforma contempla también cobrar gradualmente un mayor Impuesto Sobre la Renta (ISR) a quienes ganen más y la regularización del empleo informal.
 
 
El Sistema de Seguridad Social Universal para personas mayores de 65 años y el seguro de desempleo fortalecen el carácter social de la reforma.
 
 
No creo en que todo es malo o todo bueno. No veo cómo académicos, premios Nobel de economía y organismos internacionales estén a favor del caos que pinta López Obrador.
 
 
La reforma hacendaria presentada ayer seguramente no satisface a todas las partes de la negociación política, pero es la que aceptó la mayoría. Por lo menos parece que así la ‘plancharon’ el equipo de Luis Videgaray y los partidos políticos, incluido el PRD.
 
 
En las próximas semanas seguiremos viendo y padeciendo las protestas callejeras de las huestes lopezobradoristas y acompañantes. Me queda claro que los beneficios de las reformas no se verán a corto plazo.
 
 
Hasta el miércoles.
 
 
Twitter: @cachoperiodista