Opinión

Dos lecciones de millennials para un irrefutable gen-X

 
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Soy un gen-X hecho y derecho. Nací en 72 en un mundo cableado y analógico. Me eduqué en un entorno enfocado en enseñarme a analizar y a hacer. No crecí en un entorno de abundancia económica por lo que la cultura del esfuerzo y el mérito me fue inyectada de muchas formas y por muchos.

Durante mi juventud, el estereotipo de éxito se reducía a tener conocimiento, dinero, independencia, respeto e influencia. Para ello, había que 'darle duro' y construir. Me acostumbré a trabajar mucho, en muchas cosas. Ni en días de 16 horas recuerdo haberme quejado con un jefe, socio o cliente. A base de martillazos, forjé un molde en el que siempre estuviera el disfrute de la sensación de 'estar ocupado'.

Como buen X, soy un migrante digital. Aprendí de joven a interactuar con sistemas operativos, correos electrónicos y programas porque así lo exigía la competitividad de mi entorno. Entiendo el mundo digital por observación analítica y deducción, no por intuición. La conectividad es para mí una muy útil herramienta, pero no el centro gravitacional de mi interacción cotidiana con el mundo. Y aunque disfruto postear, consumir Twitter y mensajear ocasionalmente, puedo desprenderme de mi teléfono inteligente por horas y no se altera mi estabilidad emocional.

Ese gen-X hoy está muy rodeado de millennials, seres que nacieron en los 80 y 90. Nativos digitales que interactúan con la realidad a partir de paradigmas, estímulos y expectativas distintas. Cuando advierto sus reacciones a los problemas concretos que la vida les pone en frente, cuando veo cómo deciden lo que hacen o dejan de hacer, qué aspiran a comprar y qué no, todavía levanto la ceja.

Hoy le comparto dos momentos de interacción con dos millennials que tengo en alta consideración, que han pasado a formar parte de mi memoria sensitiva y de un innegable aprendizaje:

a) “Google it” me escribió. Interactuábamos por WUp sobre una posible entrevista telefónica. Yo sería el entrevistador. Ella es la autora de un libro especializado cuyo contenido era de mi interés para una reflexión en este espacio. Los horarios no cuadraron y luego de acreditar que estaba llena, escribió: “¿Raincheck?” Cuando osé responder “¿qué debo entender por el término?” recibí mi lección. No juzgue si la respuesta fue brusca y quédese con el aprendizaje. Los millennials consultan Google ante la más mínima duda de un término, una fecha o un concepto. Lo que para los “X” es un buscador de consulta ocasional, para los millenials es una extensión de memoria de consulta cotidiana.

b) “Soy exitosa porque me doy tiempo para ser feliz” dijo con convicción en un ejercicio de oratoria. Y luego elaboró: “el trabajo debe ser sinónimo de placer”, con un propósito más allá de la simple retribución por buena que fuera. Argumentó sobre la necesidad de darse espacios largos en la vida para conocer el mundo, para explorar las diferencias, para encontrar y para encontrarse. Hay que aprender a “ser”, remató, no sólo a “hacer” y “tener”. El mensaje me resonó. Sí, hay muchos millennials con un deseo precipitado de quererle encontrar sentido a todo demasiado rápido sin darle a cada cosa su tiempo y su espacio, pero hay que aprenderles su capacidad para pausar en sus propósitos profesionales para construir grandes espacios personales.

La longevidad productiva del ser humano y la rapidez con la que un joven hoy se puede integrar a la actividad productiva empiezan a presentar organizaciones con cuatros grupos generacionales coexistiendo en su entorno. Las que menos, ya tienen tres.

Así que lejos de confrontar y padecer las diferencias, a los cuatro grupos nos toca comprendernos y aprender.

Ahh, y si usted todavía no sabe cuáles son esos cuatro grupos, como dicen los millennials: “Google it”.

El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

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