Opinión

Dos convenciones

 
1
  

 

Hillary Clinton. (Reuters)

Las convenciones Republicana y Demócrata en Estados Unidos reflejaron de forma nítida las dos concepciones del mundo que se presentan al interior de la sociedad norteamericana y las contradicciones presentes al interior de ella. De igual forma permitieron expresar la manera a través de la cual la problemática mundial permea a la superpotencia y la vuelve parte de un planeta interconectado cada vez de forma más determinante. El pensamiento conservador de los republicanos, ahora expropiado por Trump, combina el retorno al proteccionismo mercantilista con el discurso de la supremacía blanca anglosajona que regresa a Estados Unidos al siglo XIX.

Es el discurso de la grandeza del aislacionismo que promete darle mejor calidad de vida a millones de norteamericanos afectados por la globalización y por los cambios derivados de un siglo XXI que ya no puede garantizar los beneficios del estado asistencial desaparecido. Las resistencias a Trump por parte del establishment republicano se deben no sólo a su conservadurismo trasnochado y racista, sino a que un eventual triunfo suyo terminaría afectando intereses económicos específicos de empresas y empresarios cuyos negocios se basan en el libre comercio y en el libre flujo de capitales e incluso de individuos.

Frente a la tormenta de una Convención Republicana dividida y aislada, la de los demócratas hizo patente antes que nada el enorme temor por un posible triunfo de Trump. El pánico por el fascismo wasp opacó por mucho las diferencias entre el proyecto socialdemócrata de Sanders, fuertemente defendido por sus delegados, y una Hillary Clinton poco popular pero fuertemente arropada por el propio Sanders, Michelle Obama, Bill Clinton y el presidente Obama. Las resistencias de los sanderistas se debían tanto a la antipatía hacia Hillary, como a la distancia ideológica entre el liberalismo social de la candidata y la revolución socialista propuesta por Bernie.

Aquí también el tema del libre comercio y los afectados por la globalización obligan a Clinton a prometer revisiones al TLC ante presiones de grupos sindicalizados que añoran los tiempos del proteccionismo presente también en el siglo XX. Toda campaña electoral se basa en una gran dosis de emociones manipuladas de un lado y de otro, independientemente de las razones que se esgriman. La diferencia en este caso es que Trump ha llevado al extremo el manejo irracional de la temática política en su conjunto, con un éxito inesperado de aceptación ciudadana en temas de seguridad, migración e incluso economía, lo que demuestra el alto grado de desconexión existente entre el discurso político tradicional y una ciudadanía dispuesta a aceptar el primitivismo verbal del simplismo argumentativo de Trump.

Es esta la hora de reconstruir los símbolos y valores de la comunicación política no sólo en Estados Unidos, sino incluso en nuestro país, para evitar que los maniqueístas asuman el poder al lograr convencer a la sociedad de su superioridad moral y práctica para gobernar y cambiar la realidad. Suponer que la sociedad entiende y percibe como naturales los beneficios obtenidos por efecto de la apertura y la globalización, es negar que la ciudadanía está en busca de respuestas más específicas a su realidad cotidiana, y que éstas están siendo proporcionadas por los líderes del absurdo. El desafío hoy es encontrar el lenguaje sencillo y claro que le demuestre a la sociedad que apertura, democracia, igualdad y libertad de movimiento, son garantías de progreso. No hacerlo es correr el riesgo de caer en manos de estos iluminados dispuestos a hacer caer la noche sobre todo el planeta.

Twitter: @ezshabot

También te puede interesar:
El PRI
El PAN
Ingobernable