Opinión

Dos clases de constituyentes

   
1
  

  

cámara de diputados. (cuartoscuro)

Atestiguamos la sesión solemne que la Cámara de Diputados realizó para conmemorar cien años del inicio de los trabajos del Congreso Constituyente que el primero de diciembre, pero de 1916, se encargó de dar vida a la Carta Magna que desde entonces ha regido la vida política, social y económica de todos los mexicanos.

A cien años de distancia de esa fecha, no podemos evitar hacer un parangón entre lo relatado en la ceremonia de la LXIII Legislatura y lo poco que hasta ahora hemos conocido de los trabajos del Constituyente que se erigió como tal en septiembre pasado para redactar lo que entendemos será la primera constitución del Siglo XXI, la de la Ciudad de México.

Escuchamos con atención a los diputados oradores de los diferentes grupos parlamentarios y al representante por la vía independiente, todos rememoraron el pasaje histórico que inició y concluyó en la ciudad de Querétaro, lugar donde –en tan solo dos meses– los diputados constituyentes trazaron, para el futuro, el código social y progresista que hoy sigue vigente en su espíritu, sin dejar de reconocer que el documento original se ha ido actualizando con el tiempo a través de diversas reformas constitucionales.

Al respecto, la presidenta de la Mesa Directiva en esta sesión, la diputada María Guadalupe Murguía Gutiérrez (PAN), destacó que en esos tiempos el Constituyente estuvo conformado por profesionistas de diversas ramas pero todos con la intención de aportar lo mejor a favor del país. Señaló que como en todo Congreso se dieron acalorados debates, los cuales estuvieron encabezados por dos bandos, los renovadores y los radicales.

Consideró que otro de los importantes legados que dejó la Constitución de 1917 es el diálogo, el cual no debe ser menospreciado y hoy más que nunca debe ser usado para poder lograr los acuerdos y hacer frente a los retos que tiene el país por delante.

Hasta ahí todo bien, honor a quien honor merece. En ese contexto histórico, más allá de si nuestra actual Carta Magna requiere una transformación total con más reformas o de plano optar por la redacción de una nueva, el asunto se torna complejo ante la existencia de diversas visiones, ya que van desde radicales, extremistas, reformadoras, progresistas, históricas, de izquierda, de derecha o de las llamadas del centro, hasta las pragmáticas, que se mueven de acuerdo a la dirección del viento.

Son precisamente ese tipo de corrientes del pensamiento las que en el Constituyente capitalino se han encontrado en debates poco productivos respecto a los temas que quieren se plasmen en la redacción definitiva del documento, que en lo político dará origen al nacimiento formal de la Ciudad de México y, por ende, a los derechos que en el ámbito local tendremos los habitantes de esta metrópoli.

Fueron suficientes dos meses para la redacción de la Carta Magna que hoy nos rige a todos los mexicanos, tal vez sea porque había claridad en las ideas y propósitos de quienes recibieron la encomienda, y a diferencia del trabajo realizado hace cien años, hoy nos damos cuenta de que los nuevos constituyentes van muy retrasados en sus propuestas, y se duda que puedan cumplir con el compromiso de entregar el documento final a más tardar el 30 de enero próximo, el cual formaría parte de las celebraciones del Centenario de la Constitución de 1917.

Hay rezago, entre otras razones, porque algunos de los constituyentes electos ni idea tenían del trabajo que les esperaba y prestaron su imagen y prestigio a partidos políticos para ganar presencia; otros más tienen doble cachucha y lo mismo están en un lado que en otro, y unos más de plano ni siquiera se dignan a presentarse a las sesiones. Esa es la realidad actual de nuestros constituyentes.


También te puede interesar:
Miranda ya no es útil
Peña Nieto y el PRI
Miranda se coloca en el paredón