Opinión

Dos aproximaciones al Salario Mínimo / Parte 2 

Gonzalo Hernández Licona
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¿Le caben los billetes a su cartera?

Segunda. Efecto faro. El efecto “Abascal”.

Cuando llegó Carlos Abascal a la Secretaría del Trabajo en 2000 tenía una meta concreta: detener la caída del salario mínimo real desde 1976.

¿Cómo operaba Abascal? Si en la determinación tripartita del incremento se llegaba a un acuerdo, Abascal cabildeaba con todos los sectores y conseguía un incremento adicional. Esto hizo durante todo su tiempo como Secretario del Trabajo (2000-2005), con los siguientes resultados: entre 1976 y 1999 el salario mínimo real cayó 74.7%; entre 1999 y 2005 creció 4.3%. Entre 2005 y 2007, ya sin Abascal en la Secretaría y antes de la crisis financiera mundial, el salario mínimo creció sólo 0.1%.

El salario mínimo real cambió de tendencia y tuvo una recuperación entre 1999 y 2005. No sólo eso. Como el incremento porcentual del salario mínimo ha sido una referencia para las demás negociaciones salariales, lo que observamos desde 2000 fue un incremento del salario contractual mayor que en los años previos. El incremento del salario mínimo fue de tal magnitud, que tuvo una recuperación y evitó la caída que se observaba desde 1976, pero sin generar desajustes económicos, especialmente en la inflación. A eso le llamo el efecto “Abascal” (a quien por cierto nunca conocí).

Es claro que otros factores contribuyeron, a partir de 2000, para tener una recuperación salarial, pero la intervención concreta de Abascal tuvo un efecto innegable.

Si bien las condiciones de hoy no son las mismas que en 2000, otra vía de recuperación salarial, también con ciertos elementos solidarios, es contemplar incrementos anuales marginalmente arriba de lo que hubiera sido la negociación inercial, que pudieran incrementar el salario mínimo y el resto de los salarios por arriba de lo esperado (efecto faro), pero de tal magnitud que no tuvieran efectos inflacionarios. Revistas como The Economist sugieren también incrementos modestos del salario mínimo para mejorar hasta cierto punto el bienestar de los que menos ganan. No son pues ideas que provengan sólo de una izquierda aguerrida.

Propuesta CONASAMI.

En los hechos, la decisión de la CONASAMI en días pasados contempló la primera parte de la propuesta (pero aun llamándolo salario mínimo), junto con un incremento de salarios mínimos tradicional e inercial en porcentaje. Es decir, aumentó 4 pesos fijos el salario mínimo, a lo que le llamó Monto Independiente de Recuperación (MIR), mismo que no debe contabilizarse en el incremento porcentual para no generar un efecto faro. El resto del incremento sí fue en porcentaje (3.9%); esta es la parte inercial que sí puede utilizarse como base para negociaciones contractuales.

La solución fue ingeniosa (no traducir una parte del incremento en porcentaje), pero creo que pudo haber sido mayor. El salario mínimo es tan bajo que hay espacio para incrementarlo incluso a más de 90 pesos diarios, aprovechando también que el número de personas que lo reciben no es tan grande. No hay que regatear que este incremento que determinó la CONASAMI ha sido mayor en términos reales incluso que el de Abascal a inicios de siglo y, por tanto, será un avance para quienes reciben los menores salarios como asalariados. El paso siguiente es evaluar que esta medida efectivamente aumente el bienestar de quienes ganan menos y que no haya despidos ni incrementos en la inflación a raíz de esta medida.

¿Qué más sobre salarios?

Debido a que el ingreso real de los hogares no ha tenido un avance adecuado por casi 25 años (ENIGH) en México, pensar en estrategias para que pudiera incrementarse es un tema fundamental que es necesario debatir. La pobreza no cae a la velocidad que queremos (o incluso ha subido) debido al mal desempeño de los ingresos reales. El tema del salario mínimo debe ser parte de la discusión más amplia sobre los ingresos de los hogares y sobre el mercado laboral. El impulsor más sólido de los salarios siempre será la productividad y el crecimiento económico, que a su vez se alimentan de educación de calidad, inversión pública y privada, reformas estructurales, menor inseguridad, competencia económica, un sólido Estado de derecho, así como de inclusión económica y social.

El incremento del salario mínimo es sólo una herramienta en este proceso, que pudiera tener efectos positivos si se contempla dentro de una estrategia más amplia de crecimiento económico. Pero si por varios años no hemos tenido lo segundo, al menos usemos de manera efectiva, y solidaria, el primero.

El autor es secretario Ejecutivo del CONEVAL.

Twitter:@GHLicona

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