Opinión

Dos años, sólo dos años más

 
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ME Peña (Especial)

Los dos últimos años de la presidencia de México siempre son difíciles pues se combina el futurismo de un buen número de los altos funcionarios del país, con la evidente pérdida paulatina del inmenso poder que ejerce el presidente de la república.

Dos años que se inician con el famoso “caso Trump”, que deja mal parado en lo interno y en lo internacional a Enrique Peña Nieto. Ya hemos hablado de este famoso caso en artículos anteriores, pero vale la pena recalcar, por un lado, el beneficio que tuvo para la campaña de Donald Trump su visita relámpago a México, y, por el otro, la molestia de Hillary Clinton, quien por razones que parecieran obvias declinó la invitación de nuestro presidente a visitar nuestro país ¿Cómo afectará a Clinton el estado de su salud? Démosle tiempo al tiempo.

La bomba le explotó en las manos a nuestro (ex) secretario de hacienda Luis Videgaray, quien no sólo manejaba las delicadas finanzas de nuestro país, sino que era el secretario más poderoso e influyente dada su estrecha relación con Peña Nieto, relación que proviene desde el período en que éste fue gobernador del Estado de México. Una especie de Vicepresidente sin título que metía sus narices y asesoraba al Presidente en los asuntos de mayor relevancia fueran o no de la competencia de la SHCP. Un paso doloroso, sin duda, el que tomó Peña Nieto, pero un paso inevitable dadas las circunstancias. Videgaray fue el artífice de la visita de Trump, a quien, sin justificación alguna, lo trató como jefe de Estado recibiéndolo, inclusive, en el hangar presidencial. Todos los errores se pagan tarde o temprano y en este caso su renuncia era obligada pues la reclamaba un pueblo indignado por la presencia y actitud de su invitado, quien es, tan sólo, uno de los dos candidatos a la presidencia de los EU.

Ocupa el puesto vacante, José Antonio Meade, quien era el Secretario de la Sedesol y quien tiene una trayectoria impresionante tanto en lo académico como en lo político. En este último campo, destaca su posición como Secretario de Hacienda de Felipe Calderón. Un funcionario renombrado, sin duda, que ha sido bien recibido por la ciudadanía, incluida en ésta al sector empresarial ¿Limitará este nombramiento su posible intención de competir para ocupar la Presidencia de la República? Démosle tiempo al tiempo.

Todo lo contrario resulta con el nombramiento de Luis Enrique Miranda, hasta entonces Subsecretario de Gobernación, quien sustituye a José Meade en Sedesol. Trabajó de cerca con Miguel Osorio Chong, quien por cierto se rumora que también quiere competir para la Presidencia de la República. Existe en este caso, conociendo la trayectoria del interesado, el temor de que utilice su puesto de Secretario de la Sedesol, para influir tanto en la campaña electoral del PRI en el Estado de México, de suma importancia, como en la presidencial del 2018.

Luis Enrique Miranda ha sido cuestionado desde que operó en el Estado de México como funcionario público en época de Arturo Montiel, por su forma de aprovechar el poder en beneficio propio y de sus intereses partidistas. Pero su mejor carta es la amistad que le une con Enrique Peña Nieto ¿Es el perfil adecuado para enfrentar la pobreza, que es uno de los propósitos fundamentales de la Sedesol? No, de ninguna manera. En este nombramiento operan los compadrazgos y no las capacidades, o sí, perdón, la capacidad para entrometerse en las próximas elecciones que ya tenemos en puerta en el 2017 (Estado de México) y la del 2018.

Los partidos políticos - y también los ciudadanos ¿Por qué no?- debemos vigilar muy de cerca el comportamiento de esta Secretaría y el de su titular.

El Presidente Peña Nieto tiene dos años, tan sólo dos años, para levantar su muy debilitado prestigio y su popularidad. Todos podemos ser perdedores. Su mejor aliado puede ser la sociedad, con la que puede pactar algunos puntos de gran importancia y darles cabal cumplimiento. Me alienta el nombramiento de Pepe Meade, me decepciona el de Miranda.

Usted tiene la palabra, Señor Presidente, su futuro (y el nuestro) está en juego. Utilice bien sus cartas para que todos salgamos beneficiados en ésta, su última oportunidad.

Basado, en parte, en Seminario Político.

Mañana será otro día.

El autor es presidente de Sociedad en Movimiento.

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