Opinión

¿Dónde están los nuevos empresarios en México?

 
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Oficina de Scotiabank Banco, que lideró el ranking 2015 de equidad de género. (Braulio Tenorio)

La reciente muerte de don Lorenzo Servitje fuerza a hacernos una pregunta esencial: ¿dónde están los nuevos empresarios mexicanos? ¿Quiénes son?

Despierta nostalgia ver la trayectoria de un par de hermanos que a partir de décadas de trabajo construyeron la mayor empresa de pan en el mundo, la fuente de sustento para decenas de miles de familias en multitud de países, y la despierta aún más recordar que ese nivel de éxito fue posible manteniéndose lejos de escándalos o controversia. Se dice fácil, pero puedo pensar en muy, muy pocos casos de éxito comparable, acompañado de comportamiento tan ejemplar, que incluso hoy trasciende a la siguiente generación en la empresa.

Hablamos sobre las limitaciones de nuestro gobierno y gobernantes, pocos defenderían lo opuesto. Sin embargo, estoy convencido de que un reto paralelo, en peso e importancia, proviene de las limitaciones de nuestra actividad empresarial.

Ciertamente, hay un grupo de empresas mexicanas exitosas e internacionalmente competitivas. Pero, me sorprende no poder pensar en empresas nuevas que estén en ese privilegiado grupo, y resulta alarmante carecer de empresas competitivas en los nuevos sectores relacionados con la revolución tecnológica.

Abundan empresas manejadas por segundas o terceras generaciones, algunas con éxito, otras no. Pero hay muy pocas grandes empresas recientemente fundadas por empresarios de primera generación.

Cuando vemos que la capitalización de las empresas de tecnología en el mundo (casi tres millones de millones de dólares) rebasa a la de las grandes empresas financieras y a las de consumo, no debe sorprendernos que entre las cien mayores del mundo por valor de mercado sólo haya una latinoamericana (brasileña). Cuatro de las cinco más grandes (Apple, Google, Microsoft, Facebook y Kraft) son tecnológicas.

El grueso de las empresas tecnológicas son estadounidenses y de reciente creación. Pero, algo más llama la atención en la formación de grandes empresas en ese país. Sin vernos en el espejo, abiertamente afirmamos que Estados Unidos se equivoca al rechazar migrantes, pues buena parte de su historia 'excepcional' se ha debido a éstos. Si lo vemos a nivel de empresas, lo que tienen en común Google, AT&T, Goldman Sachs, eBay, Comcast, Yahoo, Colgate, DuPont y Pfizer, es que todas fueron fundadas por inmigrantes de primera generación. De acuerdo con el Partnership For a New American Economy, 90 de las 500 empresas más grandes de Estados Unidos fueron fundadas por inmigrantes. Entre éstas, emplearon a 3.6 millones de trabajadores en 2011, y produjeron ingresos que equivalen a 1.5 veces la economía de México. Si consideramos a hijos de inmigrantes, otras 114 de las 500 compañías fueron fundadas por éstos. En total, 51 por ciento de las empresas nuevas que han alcanzado valuaciones superiores a mil millones de dólares fueron fundadas por migrantes.

Eso es algo más por lo que el deceso de don Lorenzo Servitje nos debe llevar a reflexionar. Empresas como Bimbo, Aurrerá (hoy Walmex) o Modelo son resultado de empresarios españoles de primera generación, o hijos de éstos. Pero también podemos ver el caso de Carlos Slim, hijo de un inmigrante libanés, o incluso de FEMSA, fundada por don Isaac Garza, educado en España, pero donde una parte importante del perfil comprometido, disciplinado y austero de su hijo, don Eugenio Garza Sada, quizá se explique porque su familia se vio obligada a refugiarse en Estados Unidos durante la Revolución Mexicana.

El hambre de emprender está íntimamente relacionada con la ambición del migrante. Se estima que hay más de dos millones de negocios en Estados Unidos fundados sólo por migrantes hispanos, muchos mexicanos. Ese es el caso en otros países. Si analizamos la inversión en empresas de nueva tecnología por parte de fondos de capital de riesgo en Brasil, veremos que el grueso de las empresas financiadas fueron fundadas también por migrantes, en ese caso estadounidenses y argentinos, primordialmente.

¿Será que la falta de nuevas empresas se debe, entre otras cosas, al fuerte rechazo que en México hay a los migrantes? La reciente intolerancia hacia la migración que con tanto fervor criticamos en Estados Unidos es más que evidente en México. Somos un país racista e injusto, y tenemos poco de qué enorgullecernos en cuanto a nuestra aceptación a migrantes, o a aquellos que son diferentes a nosotros.

Vivimos en un país donde les seguimos limitando el acceso a puestos públicos (pregúntenle a Alejandro Werner) o académicos (el Consejo de la UNAM), aunque se hayan naturalizado hace años. Tenemos uno de los porcentajes más bajos de migrantes en América Latina, y hasta El Salvador recibió a más refugiados judíos que nosotros en época del holocausto.

Veamos el enorme beneficio que uno de los pocos momentos de apertura real a la migración (española en este caso) trajo a México. Nos beneficiaríamos enormemente de abrirnos a la migración de jóvenes de muchos países que podrían aportarnos sudor y espíritu emprendedor. Dejemos de ver la paja en el ojo ajeno, para ver la viga en el propio.

Twitter: @jorgesuarezv

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