Opinión

¿Dónde está Ana Mendieta? (II)

 
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Ana Mendieta. (en.wikipedia.org)

El 8 de septiembre de 1985 Ana Mendieta cae de la ventana del piso 34 del departamento que compartía con su esposo, el escultor minimalista Carl Andre, en Greenwich Village, Nueva York, y muere.

El título de esta columna proviene de una pancarta de la protesta llevada a cabo por la Women’s Action Coalition (WAC) —alianza abierta entre feministas que, a través de la acción directa, buscaba abordar problemáticas correspondientes a los derechos de las mujeres.

Aquella acción tuvo lugar frente al Museo Guggenheim de Nueva York en 1992, después de haber sido finalizados los trabajos de ampliación y remodelación, y estando a punto de inaugurar no sólo las nuevas salas, sino en ellas una exposición colectiva con obras de Carl Andre, entre otros.

Parece ser que Louise Bourgeois fue incorporada en último momento a la muestra, en un intento nimio de solapar o desdibujar la cuestionable selección de puros hombres artistas blancos.

El propósito de la protesta era, obviamente, la denuncia de los mecanismos de legitimación de las instituciones del arte y la escasa presencia de mujeres-artistas exponiendo (porque mujeres apoyando las carreras artísticas de los hombres siempre ha habido).

La frase completa del cartel decía: Carl Andre está en el Guggenheim, ¿dónde está Ana Mendieta? Se da, entonces, una intersección compleja —entre la ocasión y el contexto específico y los malos hábitos del mundo del arte, lo público y lo privado, lo jurídico y lo político-cultural, lo laboral, con respecto al género y la raza—, porque implícitamente también se denuncia la negligencia y resolución equívoca en el juicio acerca de la muerte de la artista en manos de su esposo y la sorprendente reacción de muchos de sus colegas (apoyando al supuesto victimario).

Desde hace ya 24 años mujeres-artistas-activistas reclaman y visibilizan a partir de aquel suceso que sirve de ejemplo. Evidentemente, no se trata de exaltar una muerte, ni de promover un culto acrítico y/o reduccionista, sino de pensar a partir y más allá de lo individual. Que se trate de personas con una vida pública, permite o facilita la proyección y el desplazamiento de lo individual a lo colectivo, del caso a la regla o ley, para en ese desplazamiento poder preguntar y cuestionar entre todos, ¿cómo se legitima y da voz en el mundo del arte y en la sociedad en general? ¿Cómo se reparte el poder? ¿Cómo se maquilla la historia? ¿Se callan las injusticias? ¿A quiénes favorecen estas omisiones? ¿Cómo entran en juego las narrativas póstumas? ¿Nuestros muertos?

Además de la WAC, también existen los grupos activistas Whereisanamendieta y We Wish Ana Mendieta Was Still Alive, entre otros. Todos estos esfuerzos siguen el legado feminista de visibilizar problemas estructurales profundos, que imposibilitan cualquier cambio social. Además, antes de finalizar me gustaría mencionar que la lista de mujeres-artistas cuyas biografías trágicas ensombrecen o eclipsan su trabajo, son largas: Hannah Wilke, Diane Arbus, Eva Hesse, entre otras.

En una de las pancartas de otra de las muchas protestas, que ha habido desde entonces, se leía: Dejen de enaltecer a hombres violentos.

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