Opinión

Donald, del discurso a la realidad

   
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Donald Trump

El tiempo y los votos estadounidenses le dieron la razón al mandatario mexicano, Enrique Peña Nieto, respecto a la reunión que sostuvo a finales de agosto pasado con el entonces candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump.

En aquel entonces escribimos que nunca antes un personaje extranjero había levantado tanta tolvanera en nuestro país como el señor Trump y tampoco se había provocado tal alboroto de parte, principalmente, de los detractores del presidente Peña Nieto. La reunión por sí sola había sido considerada en gran parte de la opinión pública como inoportuna, sin sentido político y hasta se dijo que se trataba de una “traición a la patria” por haber recibido a un personaje, que una y otra vez, se había referido a México y a los mexicanos con palabras de agravio y descalificación.

No obstante lo anterior, en nuestra entrega del primero de septiembre, publicamos que recibir al candidato republicano resultó una acertada medida de parte del titular del Ejecutivo, ya que en lugar de esperar a que eventualmente Donald Trump se sentara en la silla presidencial de la Casa Blanca, y empezar a sufrir los efectos de las amenazas que había lanzado en su campaña, como la construcción de un muro fronterizo, el encuentro propiciaba la oportunidad de iniciar, desde entonces, un diálogo fructífero de atención a los asuntos de la agenda bilateral.

Peña Nieto y Luis Videgaray se adelantaron a lo que iba a suceder el 8 de noviembre e hicieron una magistral jugada, por lo que refrendamos nuestra opinión de que el mandatario mexicano hizo lo correcto al reunirse con el republicano y, con oportunidad, haber hecho del conocimiento al entonces candidato la visión del pueblo mexicano en materia de política externa y también que se haya buscado el espacio de entendimiento y aclaración de palabras, ante tanta balandronada, vertidas al calor de una campaña política.

Ya ganó Trump, sin pretender olvidar agravios, nuestro país debe darle vuelta a la página y buscar que en la agenda del estadounidense se inserten los asuntos que a México le interesa sean atendidos en el marco de las relaciones entre ambas naciones, como es el flujo migratorio a través de la frontera norte, el intercambio comercial, esquemas de seguridad nacional y otros en el marco de la cooperación binacional.

En este nuevo escenario de la política mundial es muy probable que el magnate inmobiliario venido a más, ahora en el ámbito público, no cambie ni un ápice en sus posturas de discursos incendiarios contra los migrantes latinos, que siga con sus mentiras cotidianas y soluciones populistas llenas de ficción, pero tal vez eso sea sólo por unos meses en tanto continúa con la inercia de una estridente campaña política que hoy lo tiene a días de sentarse en la silla presidencial de Estados Unidos; eso en tanto se dé cuenta de la realidad que debe afrontar al tomar el control de mando del país más poderoso del mundo, porque no es lo mismo ser borracho que cantinero o candidato que presidente.

Por supuesto que fue sorpresivo el triunfo obtenido por el republicano, y acá en México hubiésemos querido, lo anhelábamos, otro resultado, pero la realidad nos dice otra cosa y es momento de poner manos a la obra en la integración de una agenda con asuntos comunes donde la defensa de nuestros connacionales debe estar por encima de cualquier diferencia política, sin dejar pasar que el intercambio de bienes y servicios con nuestro vecino del norte es de tal relevancia que resulta necesario fortalecer las relaciones comerciales, políticas y diplomáticas entre ambos países.

Es cierto, Donald Trump será el presidente número 45 de nuestro vecino país del norte debido, principalmente, a que abanderó la causa de los indignados y con discursos fáciles y promesas vagas dio respuesta a todos ellos, pero la cosa no es tan sencilla como sus asesores le habrán aconsejado y en ese contexto todavía tiene un amplio margen de maniobra, o cambia o la realidad lo hace cambiar. Tiene, sin duda, tareas relevantes y entre ellas está el mantener la unidad de todos sus gobernados, porque si algo dejó el proceso electoral donde participó es una profunda polarización social entre los estadounidenses y unirla no será cosa de un día, y tal vez ni de un periodo de gobierno.



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