Opinión

Don Lorenzo

 
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[Para el cofundador de Bimbo es fundamental un buen ambiente de trabajo. / Arturo Monroy / El Financiero / Archivo] 

¡Párate, párate, déjame bajar! Y ni tardo ni perezoso bajó de mi automóvil y detuvo a un camión de Bimbo que, al igual que nosotros, venía dando tumbos en pleno campo para llevar su mercancía a un aislado changarro en el Estado de Hidalgo. Lorenzo y yo teníamos como destino una comunidad que formaba parte de la red de la Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural, Fundación cuyo propósito era –y es en la actualidad- el desarrollo integral de los campesinos de bajos ingresos y de la cual Lorenzo fue su fundador y yo era presidente en ese ya lejano año de 1995, de una de sus múltiples centrales, la de Hidalgo (poco después ocupé la presidencia nacional).

El chofer del camión, más que sorprendido, bajó de su unidad y reclamó

- Señor, por poco lo atropello ¿Qué le pasa? ¿Qué puedo hacer por usted? ¿Por qué detiene mi camión?

- Permítame presentarme, contestó el interpelado, yo soy Lorenzo Servitje y trabajo en Bimbo. Me da un enorme gusto encontrar un camión de nuestra compañía en estos alejados parajes.

- ¡La Leyenda! Contestó el chofer y aceptó con enorme regocijo el apretado abrazo que le dio Don Lorenzo.

Estoy seguro que este simple pasaje quedará grabado en la memoria de ese colaborador de Bimbo de por vida, pasaje que tuvo lugar allá por el año de 1995 en donde yo era el Presidente de esa maravillosa Fundación a la que me referí antes y que todavía continúa ejerciendo una labor ejemplar en el campo mexicano.

Lorenzo, “mi hermano del alma” como le gusta llamarme cuando nos vemos en alguno de los muchos convivios en los que coincidimos, es un hombre excepcional.

Un hombre excepcional que llevó una pequeña panadería fundada hace 70 años, a la panificadora más grande del mundo, panificadora manejada actualmente por su hijo Daniel, quien ha sido un hombre clave en este ejemplar desarrollo.

Una pequeña empresa que nació con 34 empleados y que ocupa actualmente alrededor de 130,000 colaboradores que trabajan en sus 165 plantas industriales localizadas en 22 países en donde cuenta con 2.5 millones de puntos de venta. Estas cifras hablan por sí solas.

Lorenzo, gran empresario sin duda, pero sobre todo, un hombre con enorme sensibilidad social y un gran cariño por su país, por su México querido por el que tanto ha luchado y sigue luchando a sus 97 años de edad.

Lorenzo, hombre galardonado por doquier que recibió, entre otros, la Medalla de Honor al Mérito Empresarial, otorgada por la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio. Católico que vive su religión con gran intensidad y transmite este sentimiento a través, entre otras, de una de sus fundaciones, el Instituto Mexicano de la Doctrina Social Cristiana –IMDOSOC.

Lorenzo impulsa el concepto de empresa socialmente responsable, en donde se trata no sólo de generar utilidades –las que son indispensables para la sobrevivencia sana de cualquier empresa- sino que considera que es el factor humano el capital más valioso de una organización, al cual impulsa y promueve con toda la energía posible; está consciente de la necesidad de pagar los impuestos que marca la ley, de colaborar con su comunidad, de preservar el medio ambiente e impulsar programas que lo favorezcan. Visión ejemplar de lo que es una empresa socialmente responsable que lo lleva a fundar, hace ya más de 50 años, la Unión Social de Empresarios Mexicanos –USEM- que continúa, desde entonces y sin tregua, con su fructífera labor.

Educación, educación y educación, era el grito de guerra del Primer Ministro de Inglaterra, Tony Blair, cuando ocupó ese importantísimo cargo. Y Lorenzo parece inspirado en ese personaje. Efectivamente, la educación, la calidad de la educación, es una de sus obsesiones y la transmite en todas sus conversaciones.

Lorenzo, mi querido Don Lorenzo, lo que has logrado en tu ya larga vida es verdaderamente ejemplar y somos muchos, muchos más de los que tú te puedes imaginar, los que te lo reconocemos.

Tu salud se ha deteriorado en estos últimos días y rogamos a El Señor que te cuide y esté siempre a tu lado. Dios nuestro Señor te ha concedido una larga vida para que pudieras hacer mucho, pero mucho bien, y tú has respondido con creces. Debes sentirte, en tu intimidad, muy satisfecho, aunque tu humildad no te permita exteriorizarlo. Desde aquí estrecho tu mano y te doy un fuerte abrazo para sentir el calor humano que transmites y que nos llena de amor y de energía.

¡Que Dios te bendiga!

Mañana será otro día.

Presidente de Sociedad en Movimiento.

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