Opinión

Don Jacobo Zabludovsky, torero


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Toros

Se ha ido un grande. Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre Don Jacobo. Tuve la fortuna de entrevistarlo en 2013 junto con mi amigo y compañero en Toros, Sol y Sombra, de Canal Once, Heriberto Murrieta, su discípulo. Hablamos de toros y me di cuenta de la calidad de hombre, de su cultura y profundidad de pensamiento. Me impresionó su personalidad, como le impresionó a él la de Manolete en los años 40. Ese día descubrí al torero que vivió siempre dentro del periodista y me atrevo a decir, cronista de la ciudad de México.

Don Jacobo estuvo siempre en lo más alto del escalafón durante sus casi 70 años en los medios. En sus comienzos, por el año 46, inició su carrera de novillero (ayudante de redactor) en Cadena Radio Continental. Ahí con humildad y entrega se abrió camino en la lidia del toro que a todos nos toca: el toro de la vida. En el primer tercio de ésta, su disposición y entrega con el capote del aprendizaje no estuvo exenta de volteretas, de las cuales siempre volvió a la cara del toro sin verse la ropa, pero con la experiencia aprendida para ir tomando sitio y poderle al toro. En su turno al quite se mostró pinturero y profundo, evocando al Calesero.

En banderillas lució las facultades de su admirado Carlos Arruza, y asumió la responsabilidad de las grandes figuras al verle la cara al toro todos los días con plaza llena en 24 Horas, tomando la alternativa en 1970.

El inicio de esta faena no fue fácil, México no contaba con la apertura que hoy tiene, pero como figura supo adaptarse a las condiciones del toro de aquellos años; con gran mano izquierda siempre supo comunicarle a la gente y llegar al tendido. Se hizo aplaudir en series de derechazos formidables durante entrevistas inolvidables a personajes como Fidel Castro, García Márquez, el Che Guevara, Dalí, Cantinflas, Pedro Vargas y María Félix; también a toreros como El Soldado, Silverio Pérez, Carlos Arruza, Manuel Capetillo, Paquirri, Curro Rivera, Manolo Martínez, Eloy Cavazos, El Juli, Enrique Ponce y Pablo Hermoso de Mendoza, sólo por mencionar algunos.

En la parte media de su faena de muleta, con el sitio que da torear a diario y con la capacidad de los grandes toreros, se fue gustando; las series de naturales emularon los de Lorenzo Garza —torero del que fue partidario— a “Amapolo”. Con el toro entregado a su personalidad y poderío se dio gusto toreando, adornándose ante el astado sometido. Cuando más entregado estaba, vino la cornada y en el año 2000 dejó su plaza querida.

Como los grandes toreros, reapareció en 2001 en otra plaza y, con un aire más de artista, de hombre gozoso de la vida y del torear, sus faenas de Una a Tres en Radio Centro llenaron de gloria taurina los anales del toreo en este país.

Se fue usted un jueves taurino, no podía ser de otra forma.

Ha sido usted, Don Jacobo, un torero en toda la extensión de la palabra.

Twitter: @rafaelcue

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