El caso Odebrecht y la mala salud de nuestra democracia
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El caso Odebrecht y la mala salud de nuestra democracia

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El caso Odebrecht y la mala salud de nuestra democracia

25/10/2017
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Odebrecht
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Las nuevas revelaciones sobre las “propinas” que la compañía brasileña Odebrecht repartió en México, apuntan cada vez más alto y ponen en tela de juicio la limpieza de los comicios de 2012.

Hace dos meses supimos que tres exdirectivos del consorcio brasileño revelaron que una persona de su confianza, el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya Austin, recibió 10 millones de dólares en sobornos. Nuevas revelaciones indican que Braskem, filial de Odebrecht en el ramo petroquímico, depositó 1.5 millones de dólares en una empresa ligada a Lozoya, en 2012, justo cuando el exfuncionario era coordinador en la campaña del PRI.

En esas fechas, conviene recordar, Braskem participaba con la mexicana Idesa en la construcción de la planta de Etileno XXI en Veracruz. Los altos directivos de Odebrecht, como consta en fotografías que ahora se esfuman de las páginas oficiales, recibían un trato de invitados de honor.

Según las revelaciones periodísticas, Braskem realizó transferencias a una firma off shore vinculada a Lozoya.

La clave de las nuevas revelaciones está en la declaración que hiciera Carlos Fadigas, entonces director de Braskem, ante un grupo de inversionistas, en 2013: “Acompañamos de tiempo completo toda la campaña del PRI, del partido del PRI, y del actual presidente Enrique Peña Nieto. No sólo de él, sino también de su equipo”.

En este caso, como en otros que nos han hecho perder la cuenta de escándalos de corrupción sexenal, la actuación de las autoridades mexicanas contrasta con las investigaciones efectuadas en otros países, donde ya se han revelado nombres de los involucrados y donde, en algunos casos, ya hay corruptos en las cárceles.

En nuestro caso, la actuación oficial parece dirigida a minimizar, entorpecer o dilatar la aplicación de la ley. En esa línea se inscribe la destitución del fiscal Santiago Nieto Castillo, un funcionario nombrado por el Senado y destituido por un encargado de despacho. El gobierno ha decidido jugar una carta peligrosa con su destitución.

Dejar en manos de un encargado de despacho una decisión del tamaño de la remoción del fiscal, es una prueba del escaso respeto que al Ejecutivo le merece la división de poderes.

La información publicada en los últimos meses nos coloca frente a una trama digna de un filme sobre mafias internacionales que triangulan fondos mediante una sofisticada ingeniería financiera. Una parte de esa trama era investigada por el titular de la FEPADE. El manotazo autoritario de su remoción indica que este gobierno pretende echar tierra sobre investigaciones que le resultan incómodas y, al mismo tiempo, preparar el terreno para garantizar la impunidad en los comicios de 2018.

El presidente Peña Nieto no es ajeno al trato de privilegio que se dio a los directivos de Odebrecht. Cuando fungía como gobernador del Estado de México, en abril de 2010, se reunió con Marcelo Odebrecht en Brasil. La cita se repitió en octubre de 2011 en Toluca, según ha documentado Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad. Un nuevo encuentro con Marcelo Odebrecht tuvo lugar en la víspera de que Peña Nieto asumiera la Presidencia, en noviembre de 2012. Ya como Presidente, Peña sostuvo un encuentro con el testigo protegido Fadigas, uno de los operadores de la trama de las “propinas”.

Propinas que son, claro, cantidades exorbitantes, pero poca cosa si atendemos a las estimaciones que indican que en los sexenios de Felipe Calderón y Peña Nieto, el gigante brasileño obtuvo contratos por 5 mil millones de pesos.

Es responsabilidad del Poder Legislativo evitar que se siga haciendo daño a la democracia y que se profundice la desconfianza ciudadana en las instituciones.

Concedamos que la corrupción no está detrás de cada uno de nuestros problemas. Lo que es indudable es que, como escribió el politólogo Colin Crouch (Posdemocracia, 2004): “…la corrupción constituye un potente indicador de la mala salud de la democracia, porque apunta a una clase política que se ha vuelto cínica, amoral y opaca al escrutinio público”. 

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* La autora es senadora de la República.

Twitter: @Dolores_PL

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.