Opinión

Divorcio civilizado

A Fernanda le gustaban los cuentos de hadas cuando era niña y parece que aún sigue creyendo en ellos, porque se ha comprado en las últimas semanas la idea de que ella y Bruno podrán divorciarse civilizadamente, despacio y sin demasiados sobresaltos, para no lastimar a los niños. Para que no sufran y casi ni se den cuenta de que sus padres han dejado de amarse, o mejor dicho, que él ha dejado de quererla y que ha decidido irse de casa en cuanto logren ponerse de acuerdo con todos los temas logísticos.

–Tenemos que irnos lento, paso a paso Bruno. Por los niños.
–Estoy de acuerdo, como tú digas.
– Es más, podemos seguir durmiendo en la misma cama aunque cada quien se vaya para su esquina y preparar el terreno poco a poco.
–Lo que digas, tú siempre sabes mejor que yo cómo hacer las cosas.

Lo que en realidad pasó es que Fernanda y Bruno siguieron haciendo el amor de vez en vez y ella se confundió de manera brutal. No lo había calculado. Pensó que no sería nada, pero sí que lo fue. Renació en ella la esperanza de que quizá su marido no se iría. Todavía lo quería y además sentía que él sería incapaz de resolverse la vida sin ella.
“El no puede hacer nada sin mí. Siempre me ha pedido opinión para todo, siempre he sido yo la que ha organizado la casa, las cuentas, a nuestros hijos. ¿Qué va a ser de él fuera de casa, qué va a comer, dónde va a vivir, quién lo va a cuidar?”.
No entiendo qué hice mal, lo apoyé en todo y ahora quiere separarse de mí.”

–Fernanda no entiende que no encontrará una explicación para la pérdida de deseo de su marido, por lo menos no la que ella necesita. Y lo que Bruno desea, es no estar más con ella.

Pasan las semanas y ahora Fernanda siente que ya no le importa si Bruno se va. La negación le será útil para sobrevivir un tiempo. Comienza a entender que él no va a abandonar a los niños. A la que deja es a ella, que sabe bien de abandonos: su padre a los ocho años, a quien jamás volvió a ver. Su primer amor a los 16, que la cambió por otra después de lograr que por fin se acostara con él. Y ahora Bruno, el último hombre en la cadena del abandono.

–Que los hijos sufren el divorcio es algo en lo que no les gusta pensar a quienes se separan. Bruno y Fernanda saben ahora que es inevitable, dejaron la simulación y la farsa de ser civilizados. Sienten odio, rencor, deseos de venganza, depresión, culpa y vacío. Y tendrán que enfrentarlo.

“Hace seis meses que Bruno se fue y las cosas comienzan a acomodarse. Los niños van entendiendo que ahora ven a su padre los fines de semana y alguna que otra vez los miércoles para comer. Los veo tranquilos, acostumbrándose a los cambios.
Yo he vuelto a trabajar casi como lo hacía antes. La tristeza se me pasa manteniéndome activa. De lo que he sido incapaz es de salir a socializar. Desde que nos separamos, no he ido a ningún cumpleaños ni a ninguna reunión con amigos. ¿Cómo se presenta una sola a una cena sin que los demás le tengan lástima? ¿Cómo se hace para que no noten que cargo con un abandono en el alma?
Sonia, mi mejor amiga, dice que volveré a salir con alguien, que soy joven todavía y de nada mal ver. Me aterra la idea que conocer a otro. Me aterra que las cosas salgan bien o muy mal. Me da miedo tener sexo con alguien más. Hace años –18 exactamente– que no me desnudo frente a alguien nuevo. Tendré que aceptar mis años, mi cuerpo, mis kilos, mis cicatrices. Y quizá intentarlo. Intentar ser una mujer y no solo una mamá. Intentar dejar de pensar que todos los hombres me abandonan. Quizá intentar sea un buen comienzo.”

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Correo: valevillag@gmail.com

Twitter: @valevillag