Opinión

Divergencias ciudadanas

    
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marchas

Las encuestas suelen reflejar la diversidad de opiniones y posturas de la sociedad, pero hay otros fenómenos que en ocasiones dejan ver muy bien esas divergencias, como las marchas del domingo pasado.

Las movilizaciones dejaron ver las divisiones políticas que caracterizan a la sociedad mexicana y nos recordaron que esas divisiones no se restringen a una confrontación de políticos, en una esquina, contra ciudadanos, en la otra, como se ha planteado en la narrativa 'ciudadanista' de nuestros tiempos. Las marchas, y las discusiones en torno a ellas, dejaron muy claro que también hay divisiones (muy válidas) entre unos ciudadanos y otros. Cierto, la gran mayoría de mexicanos está unificada contra Donald Trump, pero hay (y es saludable democráticamente que haya) divergencias ciudadanas en muchos otros temas y asuntos públicos.

Muchos ciudadanos están insatisfechos con el rumbo del país, pero tienen una idea divergente (clara o nebulosa) de hacia dónde sería deseable dirigirnos. Las encuestas registran que algunos segmentos de ciudadanos apoyan una mayor igualdad económica y otros una mayor libertad económica, posturas que suelen contraponerse en la práctica. Las encuestas también ilustran cómo algunos ciudadanos prefieren tener más orden y otros que prefieren una mayor libertad política, también en contraposición. El rumbo a seguir lo marcan tanto las ideologías y los valores, como los sentimientos públicos acerca de lo que ha funcionado y lo que no, y en todo ello vemos divergencias.

Muchos ciudadanos desconfían de los políticos y de los partidos, pero en vez de darles la espalda por completo, las encuestas sugieren que los ciudadanos trasladan apoyos de unos liderazgos a otros y que están engrosando (no disminuyendo) el apoyo a los partidos. Sin mucho aspaviento, los mexicanos están actuando bajo los principios de la pluralidad democrática y bajo las premisas de la representatividad política. Cada persona puede creer lo que desee y apoyar la fórmula político-electoral que más le convenza o que menos le moleste. Las candidaturas ciudadanas o independientes son una adición, no una resta, al esquema establecido de competencia política en el país.

Muchos ciudadanos se sienten poco o nada representados por sus diputados y senadores, pero las recientes encuestas sobre los 100 años de la Constitución reflejan el deseo ciudadano de modificar o reemplazar a la Carta Magna, para que refleje mejor los tiempos actuales. Y para esa labor, ¿quién, sino los legisladores? Hoy, la mayoría de los ciudadanos desconfía incluso de las elecciones y de quienes las organizan, pero ven en el voto su mejor herramienta para producir cambios e influir en el proceso político. Los ánimos rumbo a 2018 ya se ven en las encuestas sobre preferencia e intención de voto. Mucha gente quiere votar, no quedarse al margen.

La narrativa 'ciudadanos contra políticos', construida en estos tiempos de desafección política, se tambaleó con las marchas del domingo. La convocatoria a las marchas y contramarchas, así como los desacuerdos, han opacado la imagen de 'todos unidos contra los políticos'. La política democrática es un proceso de ciudadanos divergentes, de unas formas de pensar y otras, algunas más progresistas y otras más conservadoras; unas de izquierda o nueva izquierda y otras de derecha; algunas más laicas y otras más dogmáticas. (Entre las muchas mantas antitrumpistas del domingo pasado había una que decía que “Trump es el anticristo”, y me pregunto cuántos de quienes salieron a marchar realmente comulgan con esa idea). Esos ciudadanos que apuntan hacia un lado u otro de cualquiera que sea el espectro político relevante, tienen en los políticos respectivos a sus potenciales aliados, no a sus eternos enemigos.

Se trata quizá de un reencuentro reacio, en momentos de profunda desafección política, cuando la desconfianza es alta y los niveles de desaprobación al gobierno han roto récords históricos, en el que los ciudadanos voltean hacia la política y a los partidos, no a la violencia ni al caos. Falta ver cómo los partidos voltean hacia los ciudadanos. Por lo pronto, reconocer las divergencias ciudadanas refuerza la necesidad de una adecuada representación. ¿Madurez democrática?

Twitter: @almorenoal

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