Opinión

Distintos colores

  
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Helen Frankenthaler. (Cortesía)

Helen Frankenthaler fue una de las artistas americanas más importantes del siglo XX. Tuvo una productiva carrera que se extendió por casi seis décadas pero que tardó casi 30 años en ser reconocida con la mismo entusiasmo que sus colegas hombres.

Frakenthaler nació el 12 de diciembre de 1928, en el seno de una familia acomodada, y creció en el Upper East Side de la ciudad de Nueva York. Tuvo una educación liberal y artística, asistió a la Dalton School donde estudió pintura bajo la tutela del mismísimo Rufino Tamayo (quien dio clases en esa institución durante nueve años; empezó en 1938), y luego decidió estudiar pintura en el Bennington College con Hans Hofmann.

Su obra comenzó a circular en varias exposiciones y a obtener reconocimiento desde 1950, en particular por parte del importante crítico Clement Greenberg quien vio su originalidad y talento, y la introdujo a importantes artistas como Jackson Pollock, Willem de Kooning y Franz Kline.

En 1952, Frankenthaler pintó, a los 23 años, Mountain and Sea (Montaña y mar), donde desarrolló su particular técnica de manchar lienzos enormes, clavándolos en el piso, y sobre los cuales vertía pintura de óleo y pigmentos diluidos con disolventes, lo que permitía que el color penetrara la tela no tratada, y no que se posara simplemente sobre ésta. Este cuadro retomó preceptos de la pintura de Pollock –como el enorme tamaño del lienzo y el esfuerzo físico que supone realizarla–, pero con variaciones importantes, sin toda la carga teórica, sin la angustia implícita, esta pieza se volvió seminal ya que se alejó del expresionismo abstracto e inauguró la corriente conocida como el Color Field Painting (pintura de campo de color). Las telas de Frakenthaler están conformadas por grandes espacios donde prevalece el color y algo muy manual, casi caligráfico, pues como ella misma diría, pintar es una actividad que no sólo se hace con la mente, sino con las manos. Esta técnica le proporcionaba una paleta muy amplia de colores –unos diluidos, otros muy vivos– donde la diferencia entre ellos se vuelven líneas. En la década de los 60 empezó a dejar grandes espacios del lienzo vacíos para encontrar una composición donde la obra respirara, en 1962 comenzó a utilizar el acrílico que es mucho más brillante, lo que resultó en piezas más densas y más coloridas, más pop dirían algunos. En 1975 empezó a experimentar con la cerámica y con la pintura de madera.

La obra que produjo durante su fecunda carrera celebra el color, el placer de crear y amplió el registro de lo que era posible hacer en pintura, aunque trabajó con muchos otros medios como la escultura, la impresión y los tapetes. Helen Frakenthaler murió en diciembre de 2011, en Connecticut, a los 83 años de edad, y ha tenido retrospectivas individuales los museos más importantes del mundo, como en el Jewish Museum en 1960; en el Whithney Museum of American Art en 1969; en el Guggenheim Museum en 1985; The Museum of Modern Art en 1989 y, más recientemente, en Gagosian Gallery en Nueva York en 2014. También una exposición sobre expresionismo abstracto organizado por la Royal Academy of Arts de Londres, en 2017. A pesar de todo este reconocimiento, a pesar del alto precio que ha adquirido su obra, su figura ha sido opacada en la historia del arte a favor de figuras más convenientes, todos ellos hombres blancos y privilegiados. El expresionismo abstracto fue un movimiento masculino por excelencia, que retomó el antiguo mito del 'genio artístico', mito que básicamente excluye a las mujeres y a los artistas no occidentales de la escena artística. Parte de la labor de las instituciones culturales y de curadores es corregir este rumbo, reescribir la historia; pero los avances son lentos, y pintar, crear, hablar de sí mismas, sigue teniendo implicaciones que se convierten en políticas para las mujeres.

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