Opinión

Disputa por el talento

       
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Graduación de universitarios en EU. (Bloomberg)

Para que una nación progrese se necesita que sea capaz de innovar. Es decir, se requiere talento, que a su vez supone un sistema educativo de alta calidad. Si no lo tiene o es insuficiente, vale la pena propiciar que alumnos destacados vayan a prepararse en donde la ciencia y la técnica estén más avanzadas.

Al intentarlo siempre surge el problema de que los enviados no regresen, ya sea porque se queden a trabajar en donde estudiaron o porque vayan a un tercer país. La llamada fuga de cerebros se da porque los graduados desean aprovechar el diferencial en sueldos y oportunidades. También puede ser resultado de una política de retención por parte del país en el que llevan sus cursos.

Eso es lo que ha venido sucediendo con muchos estudiantes mexicanos en Estados Unidos. En teoría, la política migratoria allá es muy restrictiva; casi la única forma de obtener la residencia es casarse con quien ya la tenga. En la práctica hay flexibilidad para que, a solicitud de empresas, se les conceda una visa de trabajo H1B, que les permite permanecer por tres años, renovables a otros tres.

Existe además un programa temporal que permite prorrogar, hasta por 24 meses, la vigencia de la visa estudiantil F1 una vez finalizados los estudios de posgrado, con el objeto de obtener experiencia dentro de una empresa. El Optional Practical Training (OPT), que está limitado a ciertas universidades y carreras (science, technolologies, engineering, math), se termina en mayo y no se sabe si será renovado. Lo que se decida es trascendental porque del millón de alumnos extranjeros inscritos en universidades americanas, la mitad se instruye en esas disciplinas.

Sabemos que Donald Trump no sólo intenta detener la inmigración indocumentada; pretende también limitar la legal, bajo el argumento de que quita empleos a sus compatriotas. Con el objetivo de dar preferencia a la contratación de estadounidenses (“hire americans first”), prometió en campaña reducir drásticamente las visas H1B (limitadas hoy a 85 mil anuales) y J1 (de intercambio académico), pero nunca se refirió al programa OPT.

Para dramatizar su punto, llevó a algunos de sus mítines a trabajadores que no sólo fueron sustituidos por extranjeros con visa H1B, sino que además se les obligó a entrenarlos. Sin embargo, en el debate republicano en Detroit se contradijo al manifestar: “necesitamos gente altamente preparada”. La conductora Megyn Kelly le pidió que aclarara su posición, a lo que respondió: “estoy cambiando”.

En este tema hay dos bandos muy definidos.

Las grandes compañías tecnológicas de Silicon Valley, que aportaron fuerte a las campañas de Obama y de Hillary, sostienen que hay carencia de ingenieros, desarrolladores de software, arquitectos de redes, administradores de bases de datos, programadores y analistas. Ellos pretenden que quienes tienen permisos de trabajo puedan mudar de empleo o buscar una promoción, y que se les dé automáticamente la Green Card a los que terminen su doctorado en carreras STEM. Alegan que si Estados Unidos quiere seguir siendo líder tecnológico debe tener a los mejores, sin importar su procedencia.

En el otro lado están los sindicatos y los republicanos, que afirman que, a diferencia de las manufactureras, esas firmas no exportan plazas pero importan trabajadores, con el mismo resultado de que se desplaza a los nativos. Dicen que aquellas alegan falsamente que hay escasez de técnicos porque los de afuera, con tal de obtener un estatus migratorio, están dispuestos a ganar menos. Que crean además un incentivo perverso para desplazar a americanos de mayor edad por recién graduados. Denuncian que las empresas de consultoría (como las hindús Wipro, Infosys y Tata) utilizan personal local mal pagado para manejar los sistemas de información de las empresas, en esquemas de outsourcing.

Creen que otorgar la residencia a los egresados daría lugar a la aparición de universidades 'patito' y distorsionaría el mercado laboral. Proponen que sólo se concedan visas si la empresa comprueba que no pudo reclutar a un nacional luego de seis meses de intentarlo y si paga lo mismo a ambos. Consideran que para no depender del talento foráneo, Estados Unidos debe ampliar la matrícula de sus ciudadanos en las carreras STEM.

Se calcula en 200 mil la diáspora de graduados mexicanos. Para que no aumente nos conviene que, al menos en este tema, el señor Trump no se arrepienta.

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