Opinión

Dislocados 

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[El tipo de cambio se ha visto afectado por las discusiones sobre el presupuesto de EU. / Archivo]  

En diversas ocasiones hemos comentado aquí que vivimos una época de profundo cambio tecnológico que está teniendo ya repercusiones muy amplias. Desde inicios de los ochenta, en la economía; desde hace 20 años, en lo social; y en el último lustro, en la política.

A partir de 1979 inicia una caída en la proporción de personal ocupado en manufacturas en Estados Unidos, y poco después en otros países desarrollados. Hoy, eso ocurre no sólo ahí, sino en países de los llamados emergentes, incluyendo a China.

Desde mediados de los noventa, el fenómeno se amplía a otras áreas de la economía, en donde la semana de 40 horas deja de tener sentido. Se mantiene, por costumbres de las empresas y por restricciones legales, provocando desempleo. Ese desempleo afecta más a los jóvenes, porque las habilidades que aprenden en la escuela no coinciden con las que requieren las empresas, de forma que la parte más dinámica de la sociedad ya no es el famoso proletariado, sino este grupo de jóvenes. Por lo mismo, la política tradicional, con su dicotomía izquierda-derecha, deja de ser funcional, y empiezan a aparecer alternativas, algunas extremas, como Syriza en Grecia, el Frente Nacional en Francia, y otras todavía muy rupestres, como Podemos en España, Cinco Estrellas en Italia, el Tea Party en Estados Unidos, UKIP en Reino Unido.

Otro día platicaremos con más detalle acerca de la política, y de la posible emergencia de alternativas en México. Hoy, lo que creo que es importante es insistir en la discrepancia entre lo que se enseña en la escuela y lo que el mercado requiere. Hace unos días, Mexicanos Primero anunció que los jóvenes mexicanos no saben inglés, aunque hayan aprobado la asignatura durante nueve años. Esto es un problema porque una de las habilidades más urgentes hoy es el dominio de lenguajes, especialmente idioma extranjero, matemáticas y computación. Si un joven no logra tener un conocimiento elemental de esto, no tendrá acceso al mercado. Y sus posibilidades de éxito dependen de que su conocimiento sea mucho más que elemental.

No es lo único. En términos de relaciones, lo más importante es la capacidad de comunicación y de toma de decisiones. Esto exige un manejo de la lengua materna más allá de lo mínimo, hablada y escrita, pero también una confianza en sí mismos que no parece frecuente entre nuestros jóvenes. En esto último, es mi impresión, porque no he visto mediciones.

Finalmente, se requiere desarrollar una capacidad de pensamiento crítico que no es frecuente en México. Acá, como en toda América Latina, se confunde la capacidad crítica con la repetición de consignas marxistas o revolucionarias. No se trata de eso. Lo que se requiere en la vida real, en la generación de riqueza, es la capacidad de captar información, analizarla, identificar los temas más importantes, y plantear acciones acerca de ellos. Cuando esas acciones ocurren, se agrega la capacidad de monitorear y evaluar.

Nuestro sistema educativo no produce esas habilidades. El autoritarismo que priva en él impide el desarrollo de la confianza en sí mismos y la capacidad de decidir, y el énfasis en memorización anula las habilidades de pensamiento crítico. Ambas obstaculizan seriamente la enseñanza de lenguajes: el materno, los extranjeros, matemáticas, computación. Pero no va a estar fácil cambiar, con un sindicato que defiende privilegios, y que además copa la burocracia.

Twitter: @macariomx

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