Opinión

Disfrutar la soledad

    
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Soledad

En la psicología y en casi todas las ciencias existe una tendencia casi inevitable a estar a favor o en contra de lo que sea. A favor de los medicamentos para tratar la depresión o en contra. A favor del psicoanálisis o en contra. El tema de la soledad no es la excepción. En los últimos años ha aumentado el interés por investigar por qué cada vez más personas en el mundo eligen estar solas. Eric Klinenberg reportó siete años de investigación en su libro Going solo: the extraordinary rise and surprising appeal of living alone; Susan Cain hizo una apología de los introvertidos en el libro The power of introverts; Marie-France Hirigoyen escribió Las nuevas soledades: El reto de las relaciones personales en el mundo de hoy; Anthony Storr publicó Solitude: A Return to the Self. La lista de artículos académicos y libros es enorme y la pregunta obvia es por qué. Quizá porque parece que hemos perdido la capacidad para estar solos y estar sumergidos –cada quien en distintos grados, dependiendo de su edad y personalidad– en la era de la hiperconectividad ha afectado nuestro concepto sobre lo íntimo. No estoy afirmando que tiempos pasados fueron mejores.

Simplemente las formas en las que nos comunicamos hoy han privilegiado el exhibicionismo por encima del silencio y de una actitud selectiva sobre con quién compartiremos las profundidades del alma.
Existe una contradicción entre ser capaces de vivir la soledad sin ansiedad y el fetiche en el que hemos convertido a todos nuestros aparatos inteligentes para estar permanentemente “comunicados”. Todos estamos, unos más y otros menos, inmersos en la fantasía de la mensajería instantánea.

Domina la importancia de estar conectado por encima de practicar el arte de estar solo por elección y no como producto de la amargura ni de la misantropía.

Maria Popova, la famosa curadora de cultura popular, aborda el trabajo de Sara Maitland, escritora y feminista inglesa, que ha escrito dos libros explorando el silencio y la soledad. Maitland describe el silencio como un fenómeno cultural perdido, una expresión de lo bello y un espacio que ha sido utilizado una y otra vez, por distintas razones y con resultados diferentes para cada persona: se puede –o no– establecer una relación amorosa con el silencio. A algunos les va bien y a otros no tanto.

Maitland, sobre la soledad, se pregunta cómo es que en un momento social y cultural como el presente, en el que el desarrollo individual, la autonomía y la libertad tienen un valor tan alto, haya tantas personas aterradas frente a la posibilidad de no encontrar al amor de su vida o en grados más leves, cuestionándose si vivir solos es una opción, más que legítima, saludable para la mente y el alma.

Quizá las nuevas formas de estar en el mundo –hiperacompañados, hipercompartiendo, hiperconectados– influyen en la visión de quienes eligen vivir solos. No todos y no siempre, pero muchos siguen preguntando a los amigos cercanos del solitario, si ha tenido pareja, si alguna vez ha vivido con alguien, si así es feliz.

La congruencia con los valores liberales ha probado ser muy fácil de defender en la teoría y muy difícil en la práctica. Es simple pronunciarse a favor del derecho de todos a elegir su modo de vida. En la práctica, algunos siguen viendo con recelo y conmiseración a quien no ha tenido el “talento” para conseguirse una pareja. Año 2015, es un juicio moral vigente.

La vida interior se cultiva en soledad y es un territorio que poco exploramos por miedo a encontrar errores y horrores; sin embargo, el desconocimiento del yo imposibilita la profundidad en los vínculos. Si no me conozco, es imposible darme a conocer. Hay adultos de 50 años que frente a preguntas simples sobre quiénes son y hacia dónde quieren ir responden no sé.

Por otro lado, la capacidad para estar solos hace posible que las relaciones sean libres. Elegimos estar con los otros libremente y no por necesidad.

Aprender a estar solo requiere de motivación y práctica. La relación con la soledad solamente puede desarrollarse estando solo y experimentando la posibilidad de la creatividad y del autoconocimiento a partir del silencio.

Lo anterior no es de ningún modo una invitación, sino una reflexión sobre algo que a algunos les podría venir bien en su camino de crecimiento humano. Habrá otros, gregarios, extrovertidos, amantes del contacto, que sólo sepan ser felices en compañía. Que viva la libertad de elegir.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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