Opinión

Discutir sin descalificar al interlocutor

 
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marcha gay

Poco antes de redactar estas notas, leí en un diario de provincia tres textos de editorialistas capitalinos. El tema que abordan es sobre los matrimonios igualitarios, es decir, formados por personas del mismo sexo, y la exigencia de que a estas parejas se les reconozca la capacidad jurídica para adoptar menores.

Aunque con distinto tono, ese trio menciona un dato preocupante en el caso de ser cierto, que hasta donde se puede advertir no lo es. Pero incluso en este supuesto es asimismo de preocupar. Y aun en mayor medida, porque querrá decir entonces que forma parte de una estrategia orquestada para provocar un enfrentamiento en la sociedad mexicana. Y entonces quienes en realidad están atizando tal conflicto podrán tranquilamente presentarse como víctimas. Conste, no se afirma, simplemente se está presentando lo anterior a manera de hipótesis.

El editorialista Miguel Carbonell, sin el menor intento, así sea siquiera en apariencia, de rebatir en el terreno de las ideas la posición del grupo contrario a las tesis sostenidas por él, vaya, con argumentos –como deber ser- en el orden antropológico, biológico, histórico, filosófico, sociológico y aun jurídico, simplemente y de entrada la descarta (la conocida técnica del “descontón”), bajo el supuesto de que quienes no piensan como él sencillamente “viven en el tiempo de las cavernas”, “tienen mentalidad medieval” y fueron el pasado 10 de septiembre “marchantes de la caverna”.

Una curiosidad más del señor Carbonell: quienes al manifestarse públicamente formaron ese día a través de todo el país “un largo río de cavernarios” (por lo visto esto de cavernarios es su único argumento, repetido hasta el cansancio, una y otra vez), mediante injusta generalización los acusa, a todos, más de un millón de mexicanos, “que buscan imponer una moral única” para luego, apenas en el siguiente párrafo, atacarlos de nuevo pero ahora por “la típica doble moral” que tan bien –según él- los caracteriza. ¿Por fin? ¿Moral única o doble moral? El clásico sofisma bicornudo: para donde te muevas te cuerna el toro. Con interlocutores así, un debate sereno, racional, civilizado, sencillamente es imposible.

Otras cosas que no vienen a cuento señala ese columnista: dice que los –para su mentalidad- “cavernarios” no han protestado por la corrupción, la inseguridad, la violencia y la pobreza creciente que agobian al país. ¿Con qué base afirma eso, por qué generaliza? A las claras se advierte que para no abordar con seriedad la cuestión de fondo y ante su notoria falta de argumentos, simplemente hay que decir todo lo que pueda sacar del magín.

Los otros dos editorialistas son Arnoldo Kraus y Gabriel Guerra Castellanos. El primero señala y reitera que los partidarios del matrimonio igualitario y la adopción de menores por éstos, son objeto de constantes agresiones y campañas de odio. Francamente no se ven así las cosas. En apariencia para él simplemente plantear el tema equivale a atacarlos y lanzar campañas de odio. Por su parte Guerra Castellanos, más equilibrado, escribe que las expresiones de odio, de desprecio, ofensivas, las observa en ambos bandos.

En previsión de lo que –ojalá y no- puede llegar a ocurrir en el país, si las pasiones desatadas llegan a ser incontrolables, procede insistir que un comité o grupo calificado y de alto nivel lleve a cabo puntual monitoreo de esta controversia, para que los contendientes se vean obligados a guardar serenidad y cordura. O bien, en su caso, se conozca quiénes las han perdieron.

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