Opinión

Discutiendo con
indicadores a la carta

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DF

En estos días, ante nuestros ojos, está a punto de ocurrir una de las decisiones económicas más importantes del mundo: cambio -o no- de los tipos de interés en Estados Unidos. ¿Y de que depende esa decisión de repercusiones universales? Del nivel de empleo en ese país.

Este es sólo un ejemplo de la absoluta centralidad que tiene el dato para entender la dinámica del conjunto de la economía, y no obstante, para mi sorpresa, el profesor Schettino ha decretado que “el dato en México es muy complicado de medir, y en el mundo entero es cada vez menos importante”.

Hablando con rigor, no hay otra cifra que sirva mejor para evaluar el dinamismo de una economía y su capacidad de producir bienestar. La razón simple es que el empleo está directamente conectado con el ingreso y las condiciones materiales de las personas. Cuánta gente consigue o cuenta con un trabajo y de qué características, nos dice mucho sobre el estado de una economía y las oportunidades que ofrece. Dicho en términos de nuestro columnista: si queremos evaluar el “éxito” o “fracaso” económico de un país o entidad, hay que voltear a ver al mercado laboral, sin escapatorias “metodológicas”.

Por eso sostuve que es un error, primero, calificar al Distrito Federal como un “fracaso” en el contexto nacional; y segundo, afirmar que la falta de crecimiento en México es un problema concentrado “en un puñado de estados” como machaca Macario.

Veamos de nuevo: en el trienio que acaba de pasar, la ciudad de México ha producido uno de cada cinco nuevos empleos formales en el país desde 2012. Además, con 8.0 por ciento de la población del país, ocupa a casi 17 por ciento del total de la población ocupada –más de 3.6 millones de personas (cifra del Censo Económico 2014, Inegi). Este solo hecho revela que la economía del Distrito Federal opera como una válvula de escape ante la falta de oportunidades en otras entidades (lo cual explica en parte, los índices de informalidad en la capital). Por su capacidad de absorber la oferta laboral y dar oportunidades a trabajadores que no las encuentran en otros estados, la ciudad sigue siendo un gran amortiguador de los problemas del estancamiento económico en el país.

Es un misterio que el profesor se anime a decretar qué indicadores económicos deben usarse para el análisis y cuáles han caído en desuso como por ejemplo…. el universalmente aceptado PIB por habitante.

En el mundo entero, es el indicador más común para medir los estándares materiales de vida y las posibilidades de consumo de la población. Se encuentra correlacionado con índices de nutrición, expectativa de vida y acceso a todo tipo de bienes y servicios. Es fundamental considerar el indicador demográfico, pues si la población crece más que la economía los estándares de vida se deterioran, según las férreas leyes de la estadística y la economía (las cuáles, con franqueza, el profesor Schettino no está en condiciones de abrogar).

Pero Macario si que lo afirma: “no es recomendable”, dice, es preferible ignorar el aumento demográfico durante veinte años, de más de 31 millones de personas. La cosa tiene truco: sólo así puede afirmar que, al menos la mitad del país ha crecido en términos reales más de 3.0 y 4.0 por ciento al año durante dos décadas, ignorando olímpicamente el cambio en las condiciones de vida.

¿Y que noticias arroja el Distrito Federal en este rubro? Tiene un ingreso per cápita de 252 mil 216 pesos, el más alto del país; ¿el Estado de México?, 72 mil 836; Veracruz 85 mil 241; Jalisco 106 mil 174. ¿Lo ven? Las cifras no permiten la agrupación de Schettino. ¿Y los estados que nuestro columnista ha elegido como ejemplos? Querétaro 139 mil 30; Aguascalientes 117 mil 447 y Nuevo León 195 mil 130 pesos. Por eso, la ciudad de México tiene un ingreso por habitante que es el doble del promedio nacional. Con ese nivel de ingreso, es muy difícil hablar de “fracaso” y peor, un “lastre para el país”.

Celebro que Macario se anime a debatir. Subrayo que el debate debe ser todo lo franco y abierto como lo merece la gravedad del problema. La información que presento tampoco pretende ignorar los grandes problemas que aquejan a nuestra ciudad, por supuesto. Pero el problema de la falta de crecimiento económico no es “un discurso”, sino una realidad generalizada, que arrastramos ya desde hace décadas.

Para remediarlo, el primer paso es un diagnóstico sincero, confeccionado con los indicadores que tan trabajosamente han construido la estadística y la economía.

Pero entendernos, sostener un debate productivo, no puede ni debe admitir el uso de indicadores… a la carta.

El autor es secretario de Desarrollo Económico del DF.

Twitter: @Chertorivski

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