Opinión

Discriminación y Trump, viendo la paja en el ojo ajeno

 
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Debate Hillary vs Trump

Las elecciones presidenciales ponen un inclemente reflector sobre la sociedad estadounidense. A la luz de éste, cada imperfección se amplifica. El mundo se sorprende al descubrir vetas de racismo e intolerancia, previamente adormecidas (en una de las pocas sociedades industrializadas que ha tenido razonable éxito integrando a minorías), y que repentinamente aparecen, al encontrar en Trump un medio que las cataliza.

Estados Unidos es un país de migrantes, un melting pot donde las vicisitudes padecidas por inmigrantes hispanos fueron previamente sufridas por irlandeses, italianos, chinos y otros. Mucho del desarrollo del país se explica por eso. Como en México, migra quien no se conforma, quien busca progreso, quien tiene agallas para vencer barreras físicas, culturales y de lenguaje; quien, incluso, arriesga la vida.

Hace ocho años, ese país se ufanaba de elegir a su primer presidente de una minoría racial. Se dice fácil. Poquísimos países lo lograrían.

Trump surge en parte como reacción al logro, pues los miembros menos privilegiados de la mayoría blanca (que no lo será por mucho), sienten que el migrante les quita el pan de la boca y que las élites se quedan con todo el pastel.

Resulta interesante la reacción [contra] Trump en México. Desde fuera, vemos claramente la injusticia de su racismo, pues entendemos las condiciones de violencia, marginación y miseria de las que miles de migrantes huyen. Intuimos el riesgo de que una sociedad se deje atrapar por la xenofobia. Reaccionamos con repulsión a la misoginia que el candidato naranja encarna. Vemos la paja en el ojo ajeno, ignorando la viga en el propio.

Hillary llamó “deplorables” a los partidarios de Trump, cometiendo un error estratégico, refiriéndose a opiniones extremas y alarmantes en parte de la sociedad. En una encuesta, por ejemplo, 30 por ciento de los estadounidenses creen que se debería prohibir la migración de homosexuales al país. Con respecto a esto, un compatriota me hizo comentarios, alarmado, sobre esas actitudes en un país desarrollado. Le pregunté, sin embargo, cuál sería ese número si hiciéramos la misma encuesta en México.

Hemos avanzado demasiado lentamente en el desarrollo incluyente de nuestra sociedad. En ésta, sigue imperando una actitud clasista, machista y homofóbica incluso entre los más 'educados'. Prevalece la discriminación racial/cultural en forma devastadora. Recientemente comentaba con un empresario en México sobre el éxito de algunos programas de becas en Estados Unidos que dan acceso a jóvenes de muy bajos recursos, con alto mérito académico, a becas completas en los internados más caros, exclusivos y prestigiosos del país. Él me habló sobre la complejidad de replicar programas similares en México, porque son las familias acomodadas las que rechazan que sus hijos convivan con esos jóvenes 'de otra clase'.

Sigue habiendo discriminación laboral contra las mujeres. Seguimos viviendo en una sociedad donde el acoso sexual es práctica cotidiana y la violencia de género común en todas las clases sociales. Un grupo tristemente numeroso de las familias más acomodadas y que han tenido acceso a viajes, educación y cultura, sigue discriminando a la población homosexual, o refiriéndose a ésta con términos vejatorios. Nos indignamos por el trato que nuestros migrantes reciben en Estados Unidos, pero éste es casi hospitalario cuando lo comparamos con lo que viven migrantes centroamericanos en nuestro país, expuestos a trata de personas, tortura, secuestro, violaciones y extorsión.

Olvidemos por un momento el argumento humano, que es por mucho el más contundente, a favor de la inclusión racial, de género, de clase y de minorías. La preponderancia de estas actitudes limitará seriamente el desarrollo económico de México.

México está en pleno 'bono demográfico', es decir, que la población en edad laboral (entre 15 y 64 años) es mayor que la suma de los menores de 15 y mayores de 64. Hay más gente trabajando, que gente a la que los trabajadores mantienen. Pero esta condición no es eterna. Según el Consejo Nacional de Población, México tendrá el mismo número de niños que de ancianos en 2034. Ocurrirá antes, pues se presume un aumento sustancial en la esperanza de vida los próximos diez años, por el vertiginoso avance de genética, medicina 'personalizada' y otros temas imposibles de abordar en este espacio.

No estamos educando a nuestros jóvenes, no los incorporamos a la economía formal que les permitiría capacitación, productividad y acceso a estructuras de salud y ahorro (¿cómo fondearemos las generosas pensiones que quienes hoy son empleados esperan?), discriminamos a un porcentaje enorme de mujeres y de jóvenes sin la pigmentación correcta, y sigue habiendo una migración numerosa de jóvenes entre 15 y 24 años a Estados Unidos.

El tema de la inclusión debe ser moral y humano, pero si no es por eso, al menos estemos conscientes de la oportunidad económica perdida. La economía de México, que es como un automóvil de ocho cilindros, no se desarrollará usando sólo dos de los ocho. Así será imposible.

Twitter: @jorgesuarezv

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