Opinión

Discrepa el FMI de la SHCP


 
El Fondo Monetario Internacional (FMI) dio a conocer las Perspectivas de la Economía Mundial para lo que resta del presente y los siguientes años. En dicho documento se presentan análisis y proyecciones sobre la evolución de la economía a escala mundial y de cada uno de los grupos y países miembros.
 
En esencia, el FMI considera que la economía mundial ha empezado nuevamente una transición en la que poco a poco las economías desarrolladas se están fortaleciendo, al mismo tiempo que las emergentes se están desacelerando.
 
 
Para el caso concreto de México, el FMI redujo el crecimiento estimado para 2013, desde 2.9 por ciento en julio a 1.2 por ciento, así como la perspectiva de crecimiento para 2014, desde 3.2 a 3 por ciento. No obstante, para los subsiguientes años (2015 a 2018), elevó sus estimaciones desde una cifra promedio anual de 3.3 a 3.75 por ciento.
 
 
Vale decir que el Fondo a la vez que reconoce lo profundo de la desaceleración que está viviendo la economía, cree que ésta durará poco, toda vez que espera que durante el próximo año el crecimiento económico se eleve a 3 por ciento, para luego tomar una tendencia natural que la ubica en 3.75 por ciento.
 
Al respecto caben dos observaciones. Por un lado, la revisión a la baja de la cifra del crecimiento esperado para 2013 no sólo es una de las más profundas realizada para algún país en el mundo, sino que también ubica el crecimiento por debajo tanto de la última estimación de la Secretaría de Hacienda (1.7 por ciento), como de la del consenso del mercado, que de acuerdo a la última encuesta de Banamex se ubica en 1.35 por ciento.
 
Por otro lado, el FMI asigna de manera implícita un reducido valor al efecto que tendrán las reformas estructurales sobre el crecimiento futuro de la economía mexicana, mismo que de manera anual ubica en 0.45 puntos porcentuales. Esta cifra resulta ser significativamente menor a los dos puntos porcentuales anuales que estiman tanto la Secretaría de Hacienda, como el Banco de México, toda vez que ellos consideran que la tasa natural de crecimiento mexicano será de alrededor de 5.3 por ciento durante los próximos años.
 
El que hayan discrepancias importantes en la perspectiva del crecimiento económico mexicano tiene importantes implicaciones sobre la política económica y en particular sobre la política fiscal. Baste recordar al respecto que la Secretaría de Hacienda en su propuesta de miscelánea fiscal propone elevar el déficit fiscal, en su versión light, desde 0.4 por ciento del PIB en 2013 a 1.5 por ciento en 2014, con la esperanza de que a partir de 2015 el déficit vaya cayendo paulatinamente en función única y exclusivamente del crecimiento de los ingresos públicos que irá generando el crecimiento económico. En tal sentido, estima que el déficit bajaría a 1 por ciento del PIB en 2015, para luego hacerlo a 0.5 por ciento en 2016 y cero en 2017. Esto, suponiendo que la economía va a crecer 3.9 por ciento en 2014, 4.7 en 2015, 4.9 en 2016 y 5.2 por ciento en 2017.
 
Si, por el contrario, se asume el escenario del FMI, el futuro del déficit fiscal no sería tan promisorio.
 
Así, en ausencia de cambios en la política de gasto público para los próximos años el déficit fiscal mexicano como porcentaje del PIB pasaría de un nuevo nivel estimado para 2013 de 0.5 por ciento del PIB a 1.7 en 2014, 1.3 en 2015, 0.8 en 2016 y 0.3 por ciento en 2017. En su versión más amplia expresada a través de los requerimientos financieros del sector público, el déficit pasaría de un nuevo cálculo de 3 por ciento en 2013 a 4.3 en 2014, 3.8 en 2015 y 3.2 por ciento en 2016, según la metodología y las estimaciones de la Secretaría de Hacienda.
 
Todo esto, sin considerar las observaciones que hizo la semana pasada la calificadora internacional de riesgos Standard & Poor’s (S&P) de que el paquete de política fiscal sobrevalora los ingresos tributarios que generarán las reformas y subvalora los gastos, en especial los relacionados con la pensión universal.
 
Si se corrigieran dichos defectos obviamente el déficit fiscal se incrementará muy por encima de lo estimado, por lo que es lógico pensar que se está ampliando la vulnerabilidad de la economía mexicana.
 
Como nota al margen, cabe señalar que pese a los señalamientos de S&P, dicha calificadora ratificó la perspectiva positiva de la calificación de la deuda soberana mexicana.
 
 
Al respecto habría que recordar que en marzo, en ocasión de la mejora de la perspectiva de la deuda, de estable a positiva, dicha calificadora señaló que “podríamos subir las calificaciones si las reformas reducen la vulnerabilidad de las finanzas públicas del país frente a un marcado descenso en los ingresos petroleros, y si se dan pasos para fortalecer su panorama de crecimiento económico”. Al día de hoy no sólo se estima elevar el déficit fiscal durante el próximo y subsiguientes años, sino que además y según sus propias estimaciones, todavía no se percibe el fortalecimiento el panorama del crecimiento económico mexicano (estima que el crecimiento será de 3.5 por ciento en 2015, 0.2 puntos porcentuales por arriba del crecimiento potencial actual).
 
 
Economista del sector privado.