Opinión

“Dirty Bombs”

El 25 de marzo terminó en La Haya la Junta de Seguridad Nuclear en la que participaron 58 líderes mundiales. El objetivo de la Junta fue incrementar la seguridad nuclear en el mundo, reduciendo el almacenamiento de materiales radiactivos como uranio y plutonio en los países y concentrarlos en Estados Unidos. La razón es prevenir el terrorismo nuclear y las actividades destructivas dañinas con el uso de sustancias radiactivas.

Sin embargo, no se incluyó en esa Junta el creciente número de hospitales, instituciones de tratamiento de la salud y centros de investigación por su desecho y desperdicio de partículas radiactivas. ¿Quién las controla? ¿Dónde se guardan? ¿Cómo se guardan?

El temor creciente es que con el desecho de material radiactivo y con explosivos convencionales como la dinamita, se puede construir una bomba. “Dirty bomb” es su nombre, capaz de diseminar material radiactivo en una gran área por tiempo prolongado.

La “Dirty bomb” es un artefacto explosivo hecho para dispersar material radiactivo causando daños y pánico en la población civil con la generación adicional de contaminación nuclear y un gran número de víctimas en zonas que llevaría muchos meses y alto costo descontaminar.

La intención, en manos criminales es crear un daño físico y psicológico. Por eso también se les conoce como “Weapons of Mass Disruption” o “Radiological Dispersal Devices”. Implícito está el daño económico en una forma cruel de terrorismo, ya que son técnicamente capaces de provocar una tragedia, incluso a través de actos suicidas.

Por ello el gobierno mexicano debe controlar todo el material radiactivo de desecho o sobrante de hospitales, centros médicos y laboratorios de investigación.

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