Opinión

Dirigir en momentos de tormenta perfecta


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Balance financiero

“Dirigir es, en parte, elegir, pero sólo en parte. La esencia vital de las empresas no son las decisiones que en ella se toman. Lo que les da forma y contenido, lo que les da vida, son las acciones de sus integrantes. Cada empresa es lo que en ella se hace” afirman Antonio Valero y Vicente y Enrique Taracena Figueroa en su libro La empresa de negocios y la alta dirección: procedimientos políticos de gobierno publicado por Eunusa.

Y porque una empresa es lo que se hace de ella, reflexionar sobre decisión y acción cuando se enfrenta un entorno más poblado de incertidumbres que de certezas, es relevante.

En cada frente, 2016 ya nos presenta acontecimientos, conflictos y problemas en el terreno de lo económico, lo político y lo social, que inevitablemente provocarán que cada empresa advierta efectos en su operación ordinaria a los que habrá que reaccionar de forma inteligente, sin importar su tamaño o el mercado en el que participe.

Responder implica actuar, actuar supone decidir, decidir requiere de diagnosticar:

a) ¿Es momento de acelerar el crecimiento o de reducir mi tamaño? Asumir que una empresa siempre debe crecer es incorrecto. Con independencia de que hay momentos en que, para sobrevivir o mantener una rentabilidad adecuada, hay que reducirse, diseñar el crecimiento en medio de tormentas requiere de la apertura de áreas de oportunidad bien definidas y de la capacidad para financiarlo de forma saludable.

b) ¿Cuáles son los mercados en los que debo ingresar y de cuáles debo retirarme? Asumir que porque se atiende un mercado de forma regular se debe hacer siempre es tan erróneo como no aprovechar la oportunidad de ingresar a nuevos mercados que pueden presentarse circunstancialmente atractivos por efectos de tipo de cambio, reducción de barreras de entrada o reacomodo de sus jugadores. En aguas agitadas se debe decidir bien en qué mercados se quiere estar.

c) ¿Qué tipo de balance financiero requiere el entorno que enfrento? Cambio de fuentes de financiamiento, menos deuda contra ingreso, mayor cautela en el crédito comercial que ofrezco y/o más rigidez en la autorización de nuevas inversiones, son algunas de las decisiones que el cuidado de la posición financiera de una empresa obliga a considerar en tiempos turbulentos.

Decidir y actuar a tiempo puede ser la diferencia entre sobreponerse a tiempos difíciles con astucia o padecer un entorno que no tolera indefinición estratégica o lentitud sin enfrentar riesgos de gran afectación o quiebra.

Navegar aguas turbulentas no tiene receta fija, pero sí una premisa. Procurar leer primero la realidad y ejecutar con mayor claridad de método, incrementa las probabilidades de sacar ventaja de la ocasión. Quienes sólo anhelan que el mal oleaje no les llegue, retrasan decisiones y evaden la acción, incrementan el dolor evitable y construyen su propia inviabilidad estructural.

Cualesquiera que sean los riesgos del entorno, si recordamos que la definición de riesgo proviene del latín risicare que significa atreverse, queda claro que los mayores y mejores resultados suelen estar en aquellos que se atreven, que deciden, que actúan y que sostienen un curso de acción en la dirección predeterminada, porque bien resume el explorador auto propulsado Abraham Levy cuando comparte sus aventuras del cruce del Océano Atlántico: en la vida, como en los negocios, en aguas tersas y en aguas turbulentas, el éxito se construye con “un golpe de remo a la vez, en la dirección correcta”.

El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

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