Opinión

Diputados chatarra


 
Escuché la referencia de una nutrióloga que suele decir que no hay alimento chatarra, sino dietas chatarra. Contundente. Cualquiera estará de acuerdo en que nadie engorda por tomar un Big Cola algún día; pero tendrá más probabilidad de hacerlo si ingiere tres o cuatro diarios junto a tortas de tamal.
 
Es una verdadera pena lo que los diputados han aprobado en materia fiscal. Los impuestos a los alimentos que incluyen endulzantes, a los que incluyen grasas trans, a las galletas, las golosinas, al alto sodio, a las botanas y demás pastelitos reflejan una ignorancia supina de los legisladores. O muy mala leche.
 
Tres defectos sobresalen de lo aprobado. Primero. Son impuestos que carecen de un sustento científico. No existe evidencia contundente que vincule a un alimento o bebida de marca específica a la obesidad, la hipertensión, la diabetes. Es el conjunto de factores desbalanceados lo que arroja esas condiciones negativas en los individuos que las padecen.
 
Segundo. Son impuestos claramente discriminatorios. El IEPS de 5 por ciento a los alimentos chatarra pone a Hacienda en la difícil situación de clasificarlos. Una porción de All Bran de Kellogg’s tiene 0.3 grs. de grasa saturada. ¿4 galletas Bretón? 2.5 grs. de eso mismo. A su vez, una barrita Nature Valley Trail Mix —considerada por muchos como muy saludable—, también incluye grasa saturada: 0.5 grs. Una barrita Bimbo Multigrano incluye 3.3 grs. de grasa saturada y 5.5 grs. de azúcares. ¿Chatarra todos?
 
El tercer defecto. Los contribuyentes no tenemos garantía de que el recurso obtenido por estos impuestos será destinado a mitigar la obesidad. No hemos escuchado a la secretaria de Salud, Mercedes Juan, defender con vehemencia estos impuestos, ni al director del IMSS, José Antonio González Anaya, clamar porque los recursos de esta reforma le sean asignados a su institución para bajar el peso a los trabajadores afiliados.
 
Queda la impresión de que si no hubiese sido la comida chatarra, pudieron haber gravado la venta de audífonos (para evitar la hipoacusia); las cirugías plásticas (la vanidad debe costar), o la comercialización del brócoli (para erradicar las flatulencias). Pero se ensañaron contra la comida chatarra. Chatarra ellos.
 
 
Twitter: @SOYCarlosMota