Opinión

Diplomacia contrahecha

06 febrero 2017 5:0
 
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trump


Uno. Las palabras, hijas del genio de un pueblo, el bajo lego y el superior docto, caen también bajo la red de lo políticamente correcto. Aunque la palabra “contrahecha” cobre aquí el peligro de asimilarse (no falta quien), a “tullida” o “impedida”, ya medio prohibidas, no puedo menos que traerla a cuento (y a cuentas).

Dos. Haciendo a un lado la reciente serie lastimosa (y lastimera) de torpezas y tibiezas, desaciertos y desbarrancadas, del Poder Ejecutivo Federal, responsable de las relaciones exteriores de México, un hecho en particular, sobre el que por cierto apenas se pronuncia “el círculo rojo”, debe calificarse de contrahecho (no como contraflujo sino como deformidad).

Tres. En medio de la batahola del inminente viaje de Peña Nieto a Washington, visita preparada por la embajada de dos Secretarios recibidos con baldazos de agua helada; de una supuesta consulta al Senado y a la CONAGO (¿y a la población mexicana, aunque sólo mayor de 21 años de edad?), consulta que “tronó” el presidente de Estados Unidos; de la final pero morosa decisión de la contraparte mexicana de cancelar el viaje; surge un claro caso de “diplomacia contrahecha”.

Cuatro. Usted lo tiene en la punta de la lengua. Hablo, por supuesto, del boletín en el que Los Pinos anuncia que en conversación telefónica sostenida, pos-cancelación, por los mandatarios de ambos países, el que cortó la margarita del viaje (voy, no voy), y el que insolente y majadero, preguntó que si no pagaba el muro a qué iba, convinieron “por ahora ya no hablar públicamente de ese tema controversial”. Y que México incorporaba el tema del muro a su borrador de temas de negociación posible.

Cinco. ¿Lo platicarían entonces en privado, en lo “oscurito”? ¿Es esto diplomacia, arte antiguo de controversias? No: hechos contrahechos.

Seis. Esto ocurrió el pasado viernes 27 de enero, mientras yo me dirigía a Taxco, al que cada día alcanza, pese a presencia abrumadora de de las fuerzas del orden, militares y civiles, federales, estatales y municipales, la incontenible violencia.

Siete. Máxime que Trump se esmeró en limar a la cancelación del viaje, gesto de dignidad y entereza, sus filos, al informar que aquella había sido convenida por las partes; y simplemente cambió el lado de la casete: B en vez de A. México abusaba de los cándidos gringos, se reforzarían las fronteras. Dale y dale. La amenaza del Muro por otros medios.

Ocho. Obcecada hostilidad que no remedian los trapitos de tumultuarias reuniones internas de poderes y sectores nacionales (con su fuere aroma de lisonja y adhesión personales), ni menos aún la multiplicación del lábaro patrio en las Redes (aunque, nueva distracción, ya se debate qué resulta más patriótico, si la bandera o el escudo).

Ocho. Como tampoco lo remedió la conferencia de prensa de Carlos Slim. Con todo y aclararnos a los acongojados compatriotas que el señor Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos, no es un “terminator”sino un “negotiator”. Para lo cual mostró a los ahí reunidos un libro escrito, supongo que a hachazos, por el susodicho.

Nueve. Y cabe por supuesto la pregunta de si a quién debería promover Slim no es a Trump escritor sino a los autores en lengua española. Se lee tan poco…

Diez. Pero concluyo. La tradición épica de la diplomacia mexicana (Juárez, Díaz, Carranza, López Mateos), de la noche a la mañana, contrahecha.

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