Opinión

Dinero maldito

  
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Hay una iniciativa en el Senado que reta a los partidos políticos: la de rebajarse 50 por ciento del financiamiento público que reciben. Es una propuesta que el año pasado hizo el senador panista Francisco Búrquez, y varios de sus compañeros la han revivido en estos días. De aprobarse, se trata de un ahorro de cientos de millones de pesos. Y más aún, lo partidos tienen la oportunidad de mostrar solidaridad con la ciudadanía en estos momentos de crisis económica.

El hecho de que se quiten dinero los haría mejores partidos. Como sucede con las personas, el dinero ha podrido a los partidos. Recuerdo que en la campaña presidencial de 1988 en el PAN salíamos a 'botear' para conseguir dinero para la campaña. El PAN no recibía dinero público. Eso le daba cierta mística a la militancia, pero también hacía poco competitivo al partido al no poder tener estructuras profesionales. También recuerdo el día que Felipe Calderón, en digno gesto, fue a devolver a la Tesorería de la Federación un porcentaje del financiamiento que recibía el partido. Fue una gran nota.

Me parece que es bueno que los partidos reciban dinero público. No solamente para que no tengan que depender de personajes millonarios –cosa que de todas maneras sucede–, sino porque necesitan tener una organización que se dedique de tiempo completo a la labor partidista. Sin embargo, los propios partidos han exagerado el asunto y han convertido el financiamiento en un pretexto para el dispendio y la falta de transparencia.

El caso del PAN –que es el que conozco– terminó haciendo de la administración del partido un área de reclutamiento y cooptación de militantes. Que fulanito está descontento, invéntale un puesto para que tenga un sueldo. El gasto en publicidad, por ejemplo, no tiene sentido estratégico –salvo el de promover a su presidente–, pero como el dinero se les regala realmente no les importa cómo lo gastan. Son como los spots que hace El Peje, usa ese espacio para contar chistoretes y decir tonterías. Pero claro, el espacio se les regala y no tienen idea de lo que cuesta.

Si los partidos deciden cortar su presupuesto, habrán dado un paso en sus intentos para acercarse la ciudadanía, al compartir con ésta la crisis y el esfuerzo requerido en estos días. Pero también les permitiría ser mejores organizaciones. Racionalizar su gasto, hacer más efectiva su operación y practicar la austeridad –característica necesaria en cualquier gobierno–. El dinero ha terminado por pervertir la actividad partidista. Destacar como militante tiene más que ver con ser parte del grupo ganador del momento y el manejo de dinero –'operar', 'bajar recursos', le dicen ahora–, que con características y talentos personales. Por eso nuestros políticos cada vez son más mediocres. Como dijeran en las telenovelas: dinero maldito.

Ojalá se animen los legisladores y nos den una muestra de congruencia política y decidan recortase los recursos millonarios que se dan a sí mismos.

Twitter: @JuanIZavala

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