Opinión

Dinero loco

Gil cavila: el Distrito Federal ocupa el último lugar entre 32 entidades federativas en la facilidad para hacer negocios, reportó el Banco Mundial. ¿Quiere volverse loco? Intente poner un negocio en la Ciudad de México. Trámites, corruptelas, burócratas obesos, y también delgados, le impedirán iniciar cualquier negocio, desde una fonda hasta una tlapalería, desde una panificadora hasta una tortería, ya no digamos un bar. Por eso triunfan y ponen negocios los transas, los coyotes. Ellos son pacientes y conocen el atajo de la trampa. Así las cosas, es mucho más fácil poner un negocio en la informalidad.

No es hora de viajar al Virreinato a buscar las causas, pero en el Distrito Federal este problema es ancestral. Gil recuerda: siempre que ha estado en una delegación o una oficina pública ha oído una de estas frases: no me voy a dar por mal servido, écheme un capote, ¿cómo nos arreglamos?, el licenciado le va a agradecer mucho su gentileza, deje aquí su amable contribución. Y de inmediato se abre una puerta que estaba tapiada, o se firma el contrato, o se libera el permiso.

Los especialistas hablan de buenas prácticas que pueden replicarse en el Distrito Federal. Inténtenlo, no está demás, pero ¿para qué quiero un negocio difícil de abrir si puedo tenerlo con el mismo dinero corrupto en la informalidad? Conclusión, abrir un negocio en una de las ciudades más grandes del mundo es una obra de romanos.

Oceanografía

Sí, Gamés no se equivoca, las diversas formas de la corrupción estampan en los periódicos una danza de los millones que lo enloquece. Cantidades estrambóticas de seis, ocho, diez ceros se imprimen en los diarios, que si los maestros de la CNTE ganan tanto, que si los magistrados se embolsan así y asado. De un día para otro, Grupo Banamex ha pedido a un juez que se le imponga a Amado Yáñez Osuna, director de Oceanografía, una reparación de daño por 5 mil 300 millones de pesos por presuntos fraudes y quebrantos. Un juez federal fijó al señor Yáñez la cantidad de 80 millones como pago para obtener la libertad condicional y preparar su juicio a la luz del día
Mecachis, si el señor Yáñez tiene 80 millones de pesos para pagar por su libertad, el señor debería estar en prisión hasta que explicara el origen de sus 80, cómo obtuvo esos 80. No sean bandidos, caracho. A algunos de los actores de este escándalo la cantidad de 80 millones les parece floja, a dónde hemos llegado, 5 mil millones parece un castigo ejemplar. Gil se ríe: 5 mil millones, mju. O sea, este señor que según informan los periódicos falsificó presupuestos, contratos y sabe Dios cuántas cosas más obtendrá libertad condicional en breve.

Dolores

A Gil no deja de llamarle la atención que la senadora Dolores Padierna busque y rebusque en la vida pública y denuncie casos de corrupción como nubes en el cielo. La senadora acusó al secretario de Energía Pedro Joaquín Coldwell de conflicto de intereses, del mismo modo atacó a Diego Fernández de Cevallos y exigió que se le impusiera a Yáñez una multa de miles de millones. No es el caso de que la senadora acredite sus dichos con pruebas, eso de momento, vale sorbete; el asunto, la pregunta: ¿la senadora, esposa de René Bejarano, tiene alguna fuerza moral para acusar a otros de corrupción?

Recordemos raras preguntas: ¿no fue este dúo dinámico el que se enriqueció vendiendo los desayunos escolares que el gobierno mandaba sin cobrar un peso a los niños? Esperen un segundo: ¿no fue esta pareja la que se enriqueció de 1985 con los proyectos de reconstrucción de la Ciudad de México? Diego Fernández de Cevallos ha sido con Padierna un caballero, le dice que jamás dejará de tratar a la senadora con amabilidad y gentileza. Gil sigue la huella de un caballero, faltaba más. Nada le dirá a la senadora como no sea esta palabra: granuja.

La máxima de Benjamín Franklin espetó dentro del ático: “La necesidad nunca hizo buenos negocios”.

Gil s’en va