Opinión

Dilemas actuales
en torno a las
inclusiones financieras

 
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Pago con celular, cada vez más bancos ofrecerán el servicios. (Shutterstock)

En mayo pasado, el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en
Antropología Social (CIESAS) en conjunto con el Institute for Money, Technology and Financial Inclusion de la Universidad de California Irvine (IMFTI) realizaron el seminario sobre los dilemas de las inclusiones financieras.

Habría quienes se preguntan que discusión puede haber si la inclusión financiera es sólo una: tener y usar servicios financieros formales o no usarlos. La realidad es que SI hay muchas inclusiones financieras si lo analizamos desde la perspectiva de que son diversas las soluciones que se requieren según los contextos sociales, culturales, económicos, políticos.

Esto es algo que se ha señalado desde hace muchos años en un sector de la academia francesa y latinoamericana, en donde el mercado 
financiero no es uno, donde las necesidades no son homogéneas y por ello no es posible tener soluciones únicas, sostenibles y replicables por decreto.

Todo lo contrario, este seminario dejó varias enseñanzas pero una de ellas es que las microfinanzas podrán ser una respuesta para las necesidades de la población de bajos ingresos en la medida que puedan adaptarse y en este sentido, serán adaptables en la medida que los marcos regulatorios nacionales sean lo suficientemente capaces de entender esta diversidad y promoverla en un marco ordenado y regulado, esto es, diversidad no significa desorden y regulación no es
sólo un garrote, también es una herramienta de política para la promoción de mercados financieros.

Por otro lado, al seminario concurrieron investigadores y operadores de Europa, Estados Unidos y América Latina y una lección interesante es que la tendencia en las microfinanzas hacia el futuro es el incremento en el uso de tecnologías de información y comunicación, ya sea para masificar servicios, para reducir costos, incrementar seguridad o sustituir el papel por medios electrónicos.

De alguna u otra forma el mundo avanza hacia allá, aunque el objetivo es la inclusión financiera universal en el mundo subdesarrollado, no siempre las formas apuntan hacia la misma dirección, toda vez que nuevamente el contexto nacional y local implica características que van adaptando y reinterpretando la digitalización.

Por ejemplo, en Europa se debate seriamente la desaparición del efectivo frente a las necesidades de tener un mejor monitoreo de recursos y evitar el fondeo del terrorismo y lavado de dinero. Aun en países con inclusión financiera universal, como las europeas, la resistencia para dejar el efectivo son muy amplias, defendiéndolo inclusive como un elemento de identidad.

En cambio, en Ecuador la digitalización está mucho más avanzada que en México, y el objetivo es ampliar el acceso y uso de servicios financieros, es decir, lograr la inclusión financiera universal, por ello, Ecuador ha abierto el sistema nacional de pagos electrónicos y transferencias de dinero electrónico a las instituciones financieras del sector popular y solidario.

E s decir, el homólogo de nuestro sector de ahorro y crédito popular, de tal manera que están acelerando su paso a la inclusión financiera de zonas rurales y de bajos ingresos, porque las instituciones que los atienden pueden dar un salto cuántico tecnológico accediendo directamente al sistema de pagos digitales, operado por el Banco Central.

En México, la digitalización hacia segmentos de bajos ingresos en los años más recientes, avanza por la vía de un papel activo del gobierno, mediante la digitalización de los apoyos sociales (Proagro o Prospera) añadiendo servicios de crédito y ahorro.

Lo anterior bajo una visión de la pobreza que tiene raíces en “malos comportamientos” y “prácticas financieras basadas en redes solidarias que son arcaicas e ineficaces”, generalizando la necesidad de sustituir esto por formas de ahorro y protección social individual a través de organismos del Estado.

Cada uno de los países está insertando las tecnologías en la amplificación y alcance de los sistemas financieros, la cuestión es tener claro lo que el CIESAS desde la perspectiva antropológica plantea: no es una inclusión financiera, y no es un sistema financiero sino tantos como individuos y contexto en un territorio.

Ante esto y los ejemplos de Europa y Ecuador, cabe preguntarse si ¿la digitalización al estilo mexicano está incorporando en su ecuación, la diversidad, adaptabilidad y flexibilidad que estos servicios y sus usuarios requieren?

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