Opinión

Digilogue, Brexit y un par de lecciones para los millennials

 
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Brexit (Reuters)

En su libro “Digilogue: how to win digital minds and analogue hearts of tomorrow’s customer”, Anders Sórman-Nilsson parte de la interrogante de qué tanto los ladrillos serán sustituidos por los teclazos. Will clicks kill bricks? pregunta en inglés jugando con las terminaciones.

A la luz de Brexit, la respuesta sería no. No todavía, por lo menos.

Integralia daba cuenta en este espacio la semana pasada de cómo 73 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años votaron por permanecer dentro de la Unión Europea (remain) en contraste con un 60 por ciento de electores mayores de 65 años que votaron por salirse (leave).

En un proceso donde la postura por salir se definió con sólo 51.9 por ciento de los votos, tras una participación promedio de 72.2 por ciento de los electores, resalta que a pesar de su indiscutible deseo mayoritario por permanecer en la Eurozona, los jóvenes fueron los que menos salieron a ejercer el acto más analógico que conserva la democracia representativa de hoy que es votar en una casilla electoral.

A los millennials del mundo de la democracia participativa, este proceso les deja dos lecciones para quien quiera aprenderlas:

1. Un 'like' o 'favorito' no es sinónimo de un voto.- Se puede gravitar en las redes todo lo que se quiera. Consumir contenidos de todos los temas sociopolíticos en el canal digital que más les guste. Incluso, se pueden postear posturas públicas en un sentido o en otro. Todos esos esfuerzos digitales son deseables para quienes creemos en la participación, pero insuficientes si el día de la votación no se acude a ejercer el voto real.

2. El cuándo es tan importante como el qué.- Para quienes no querían, ni siguen queriendo el Brexit, la realidad les ha mostrado que hay plazos y procesos para todo. A los millennials, que suelen usar con destacable regularidad la solicitud “espérenme”, este referéndum confirma que hay procesos trascendentes en la vida pública y privada que no, no esperan a que tú estés listo.

Sörman-Nilsson distingue lo digital por rapidez, conexión online 24/7, “word-of-mouse”, contacto de interface con interface y reconocimiento vía redes de temas, personas y procesos. En contraste, distingue lo analógico con lentitud, conexión offline “nine to five”, “word-of-mouth”, contacto cara a cara, reconocimiento facial y experiencial en procesos y personas.

Concluye, sin embargo, [que] la interacción con una realidad hiperconectada no deja libre de influencia a nadie. Todos, no sólo los millennials, ya somos digitales en mayor o menor grado, pero distingue que los corazones (entiéndase las emociones) han permanecido analógicos. Y así se ve desde fuera la realidad sociopolítica británica en estos momentos: megaconectada y fluyendo información digital al mundo, pero tomando decisiones emocionales que no acaban de digerir una nueva realidad.

Y AHORA SÍ SALIERON A LAS CALLES…
Llamada Marcha por Europa, convocada por un cómico de nombre Mark Thomas y mega difundida en redes sociales, el sábado pasado salieron 40 mil personas en Londres a realizar un acto analógico de protesta callejera para pedirle a su gobierno que no invoque el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que inicia formalmente el proceso de salida de Reino Unido de la Unión Europa.

En un acto lleno de jóvenes empujando el nuevo concepto Bremain, afloraron quejas al Brexit y una frustración de muchos que no votaron sintetizado en la frase “En mi nombre no”. Quienes conocieron en distintos canales digitales ese fervor de las calles londinenses y si salieron a votar por el remain, sospecho que en el inglés más británico a su alcance pensaron: “Too late, my young friends. Too late”.

El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

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