Opinión

Diferencias petroleras

 
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Extracción de petróleo

En los años recientes la producción petrolera de México ha sido un lastre para el crecimiento económico, lo que contrasta con el auge de esa actividad en Estados Unidos. Las trayectorias divergentes de ese sector en ambas naciones han puesto de manifiesto sus diferencias estructurales.

La extracción de petróleo de nuestro país ha descendido de forma continua desde 2004, llegando, durante el primer semestre del presente año, a un promedio de dos millones de barriles diarios.

Este nivel representa una caída de más de 40 por ciento y es comparable al de 1980, cuando apenas se empezaban a aprovechar los grandes descubrimientos petroleros.

Como consecuencia, desde mediados de 2014 la acentuada caída de la extracción de petróleo y gas ha profundizado la desaceleración industrial de México, sólo parcialmente compensada, en últimas fechas, por un mayor vigor manufacturero.

Por el contrario, en Estados Unidos la producción de crudo se ha acelerado durante los ocho años pasados, poniendo fin a un declive que duró casi cuatro décadas.

El aumento acumulado durante este periodo ha superado 80 por ciento, aun con una caída transitoria asociada a los menores precios internacionales del petróleo.

Así, durante la mayor parte del tiempo desde la Gran Recesión, la producción petrolera ha contribuido positivamente al dinamismo industrial de ese país.

¿Qué explica la evolución divergente de los dos países?

Del lado mexicano, el prolongado desplome ha sido resultado de la política gubernamental centrada en un monopolio estatal, que legalmente rigió para todas las fases de la producción y la comercialización de petrolíferos por más de setenta años.

Al perseguir la recaudación gubernamental y no la maximización de utilidades, Pemex generó ingresos basado en la explotación de los campos de alto rendimiento descubiertos a finales de los años setenta.

De esta manera, no invirtió adecuadamente para detener la caída en la tasa de reposición de las reservas petroleras. Además, mantuvo una baja productividad laboral y ha estado afectada por recurrentes escándalos de derroche y corrupción.

El agotamiento de los depósitos de menor costo ha limitado, cada vez más, la extracción de petróleo y gas. Una falla clave fue que Pemex no aprovechó para modernizarse los elevados precios internacionales que prevalecieron durante gran parte de este siglo.

Del lado de Estados Unidos, la bonanza ha reflejado primordialmente la 'revolución shale o de esquisto'. Se trata de la aplicación de métodos no convencionales para extraer petróleo y gas, que combinan la perforación horizontal y la fractura hidráulica de yacimientos rocosos, donde no son viables las técnicas tradicionales de excavación.

El despegue del petróleo de esquisto fue posible gracias a los elevados precios del crudo que hicieron viable su exploración, así como a las tasas de interés inusualmente bajas que facilitaron su financiamiento.

Sin embargo, según algunos expertos, al menos tres factores explican por qué esa efervescencia ocurrió en Estados Unidos y no en otro lugar.

En primer lugar, esa nación contaba con una larga experiencia en el aprovechamiento de gas de esquisto, cuya tecnología de exploración empezó a desarrollarse en el siglo XIX.

En segundo, existía una infraestructura propicia, incluyendo plataformas de perforación de vanguardia, una amplia red de ductos y muchas refinerías conectadas.

Y, en tercer lugar, tal vez más importante, esa economía ofrece los incentivos adecuados para que los dueños de la tierra busquen oportunidades para la extracción de petróleo.

Específicamente, según las leyes de Estados Unidos, los derechos sobre los yacimientos terrestres de hidrocarburos pueden ser de los individuos, las empresas o los gobiernos de diferentes niveles. Se extienden verticalmente en el perímetro de la propiedad y pertenecen al dueño de la superficie.

La bonanza del petróleo de esquisto se ha prolongado a pesar de que los precios del crudo se han estabilizado en niveles aproximadamente de la mitad de los observados en el arranque.

Ello es así porque el costo de producción ha seguido bajando a medida que se han afinado las técnicas de extracción y los productores se han hecho más eficientes.

En 2013, México inició un proceso regulado de apertura a la inversión privada en las distintas áreas del sector energético.

La experiencia exitosa de Estados Unidos es una invitación a continuar disminuyendo el control gubernamental en estas actividades empresariales. Sólo así se aprovecha al máximo la inventiva humana y las posibilidades de inversión.

* El autor es exsubgobernador del Banco de México y autor de 'Economía Mexicana para Desencantados' (FCE 2006).

Twitter: @mansanchezgz

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