Opinión

Diez años son un buen comienzo

   
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Enología

“Quien no sabe de vino suele afirmar que el mejor vino es el más caro, basando tan obtusa creencia en el precio de un vino, más no en la calidad”. Me da mucho gusto poder compartir con los acreditados lectores de EL FINANCIERO algunas de mis experiencias acerca de uno de los temas más apasionantes en el mundo desde que el hombre decidió volverse sedentario: EL VINO.

Mi propósito como colaborador de este medio de información es promover la cultura del vino y lograr que esta bebida esté al alcance de cualquiera que tenga interés en conocerla. A través de este espacio informativo me permitiré platicar un poco de este casi interminable tema.


Un día como hoy, hace diez años, esta sibarita columna comenzó a publicarse en EL FINANCIERO con los párrafos iniciales anteriormente transcritos. Cómo se pasa la vida. Nunca imaginé poder compartir y celebrar con ustedes, queridos lectores, una década ininterrumpida de escribir quincenalmente los viernes sobre la bebida más maravillosa creada por el hombre. Días antes de publicarse por primera vez El Escritorio de Baco, un querido amigo me sugirió ese emblemático nombre inspirado en el dios romano de la fertilidad y del vino.

Los temas han sido muy diversos: Denominaciones de origen, entrevistas a enólogos y destacados cocineros, experiencias en concursos internacionales de vino o restaurantes, uvas, nuevas bodegas en diversos países y muchos otros encuentros con el divino elixir.

Originalmente soy abogado, pero por un gusto que siempre tuve, decidí dedicarme a lo que hoy me permite vivir. La bebida más noble se ha vuelto mi vida desde hace quince años, desde la cátedra universitaria donde he tenido la oportunidad de contribuir formación de más de mil estudiantes, mi empresa, el programa de radio donde participo y esta columna, claro está.

Cervantes dijo que es de gente bien nacida ser agradecidos, y creo que hoy es una buena ocasión para hacerlo. Un agradecimiento a la vida y las oportunidades que me ha brindado, a mis papás y mi hermano por su gran amor paciencia y, sobre todo, su fe en mi muy particular y a veces incomprendido proyecto de vida. A mi querida Alicia Salgado, quien ha sido mi amiga, pero sobre todo mi maestra en los medios de comunicación. A mis tíos Efrén y Jesús Ortiz Villaseñor y su exquisito gusto por el vino, quienes siempre me impulsaron a seguir en este mundo. A ustedes, estimados lectores, que a lo largo de diez años me han honrado al dedicarle parte de su tiempo a leer esta enófila columna.

“El sonido gracias es más profundo que el merci francés”, dijo Elena Poniatowska, y hoy es momento de decir esa sentida palabra bisílaba: GRACIAS.


Twitter: @Rene_Renteria

Página web: http://renerenteria.com.mx