Opinión

Diego, César Chávez y nosotros

Hoy es viernes y por eso quiero invitarlos a ir al cine este fin de semana. Vayan a ver César Chávez, la película dirigida por Diego Luna que se estrenó ayer. Vayan a verla porque, para empezar y fundamentalmente, es una buena película. La van a pasar bien. Y además, ahí como que no quiere la cosa después de verla más de uno tendrá motivos para pensar en los días por venir.

Pensar, por ejemplo, si no estamos atrapados en un modelo trasnochado en el que creemos que graves condiciones de injusticia y desigualdad sólo van a cambiar cuando surja un líder como Gandhi, Mandela o César Chávez.

Pensar si no es tiempo, más bien, de que nos preguntemos cuántos César Chávez ya hay en distintos lugares, en México y en Estados Unidos, luchando a favor de –entre otros– los migrantes mexicanos, y pensar qué estamos haciendo cada uno de nosotros para apoyar esa lucha.

La película de Diego Luna es, además de un buen pretexto para entretenerse hora y media, antes que nada un documento de divulgación. Una cinta que ayuda a que las nuevas generaciones conozcan a un luchador que significó mucho para migrantes mexicanos pero que es poco conocido y menos reconocido en nuestro país.

El filme es también un molesto recordatorio. Lo que vemos en la pantalla habla de los años sesenta del siglo pasado, pero es absolutamente vigente como retrato de las condiciones, desprovistas de derechos, en las que trabajan cientos de miles de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.

A pesar de los intentos de Luna, esta película no tiene un final feliz porque al salir de la sala la interrogante mayúscula se abre ante la realidad imperante hoy en campos y ciudades allende el Bravo: donde un gobierno, el de México, ha dejado a su suerte a millones de mexicanos al tiempo que otro gobierno, el de Estados Unidos, emprende la política más agresiva contra los indocumentados en la historia reciente. Ver el reporte liberado esta misma semana por el Migration Policy Institute, para constatar el cambio de la política migratoria de Estados Unidos, que en 1996 deportó a 70 mil indocumentados y en 2012 a 420 mil, es decir seis veces más.
(http://www.migrationpolicy.org/research/deportation-dilemma-reconciling-tough-humane-enforcement)

Finalmente, y sin proponérselo, César Chávez nos recuerda que en algo sí son distintos los priistas del actual gobierno a los de antes. Los de otros sexenios habrían hecho lo imposible para apropiarse de la estela mediática de una película que reivindica los derechos de trabajadores de origen mexicano. Quién sabe si es porque quedaron escaldados con el affaire Cuarón, quién sabe si es porque de verdad no quieren defender ya ni en el discurso a los migrantes mexicanos, o quién sabe si alguien del gobierno se enteró que un mexicano dirigió exitosamente una película en EU, el caso es que ni Peña Nieto ni el canciller José Antonio Meade ni autoridad alguna se acercó a esta película y sus creadores. Hasta en eso les ganó la partida Obama, que recibió a Luna y los suyos para una función de César Chávez en la Casa Blanca. No sean como el gobierno mexicano, ustedes sí vayan al cine.