Opinión

Días sin clase

 
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CNTE. (Edgar López)

Se ha vuelto habitual que todos los años se pierdan clases en un número importante de escuelas de educación básica. El incumplimiento del calendario escolar es permanente y sistemático y parece que poco podemos hacer por evitarlo. Toda una generación de mexicanos hemos presenciado los paros magisteriales y la ausencia de consecuencias legales y laborales para los culpables.

Es difícil que el calendario escolar se cumpla al 100 por ciento en todo el país. Todos los años se presentan contingencias climatológicas en diferentes zonas del país. Es recurrente la suspensión de clases por ondas gélidas, calor y lluvias excesivas. También eventos catastróficos como temblores o desbordamiento de ríos y situaciones de inseguridad han obligados a la interrupción de clases. Pero es indignante que la suspensión masiva de clases sea decretada por motivaciones políticas de las dirigencias sindicales disidentes. En el presente ciclo escolar en Oaxaca por esta razón se perdieron 26 días completos de clases, en Chiapas 30 días y en Michoacán 24 días hábiles.

Pero en realidad ni siquiera conocemos la dimensión del problema. Aunque no hay información pública se sabe de las afectaciones a nivel regional pero a nivel local desconocemos la magnitud de las inasistencias. En Oaxaca, de julio de 2014 hasta la fecha, la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación realiza un plantón rotativo en las ciudades de México y Oaxaca en donde 30 por ciento de la plantilla laboral regional del estado es obligada a asistir abandonando por consiguiente el salón de clases. En Guerrero, a raíz de los trágicos acontecimientos de los normalistas de Ayotzinapa, desde octubre de 2014 un número indeterminado de escuelas, de diferentes regiones del estado, no han contado con clases de forma ininterrumpida, y hay denuncias que señalan escuelas con sólo 80 días efectivos de clase. En otras entidades del país se han reproducido estas práctica nocivas y un número indeterminado de escuelas también han suspendido clases.

El principal instigador de semejante atropello es sin lugar a dudas la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). No sólo hay que reprocharle a esa organización la incongruente retórica de defensa de la educación pública que enarbola y la violación al derecho de los niños a asistir a clases, sino la inactividad institucional que con su pasividad ha contribuido a perpetuar esas prácticas. La impunidad de la que goza dicha organización es alimentada por la incapacidad institucional y falta de voluntad política para la aplicación de sanciones.

Es hora de ponerle fin a estas acciones. Hay que disuadir la inasistencia docente mediante la aplicación de las sanciones administrativas y económicas establecidas en el marco normativo y paralelamente construir nuevos mecanismos institucionales para la detección y registro de ausencias e inasistencias del personal docente. Es deseable que la Secretaría de Educación Pública, junto con las autoridades educativas estatales, rindan cuentas sobre el incumplimiento del calendario escolar e informen con detalle del número de días y las escuelas que no tuvieron clases. También es necesario que los sistemas de supervisión y dirección escolar asuman su responsabilidad de reporte y seguimiento. Tampoco podemos dejar de lado la importancia de incorporar, con mecanismos ágiles y accesibles, la voz de las autoridades municipales, órganos de participación social y padres de familia.

Parece una tarea imposible, pero si no empezamos hoy a exigir, proponer y actuar, la impunidad de unos cuantos dirigentes sindicales seguirá afectando a cientos de miles de alumnos maestros y escuelas.

www.mexicanosprimero.org

Fernando Ruiz Ruiz es investigador de Mexicanos Primero.

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