Opinión

Días extraños

 
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Fernando Zárate.

Gil lo vio en un video: el candidato a diputado se acerca a un hombre que se comunica por radio a ignoto lugar con desconocida persona y sin decir agua va ¡mole!, cabezazo a la oreja, duro y directo. Vertiginoso regreso a la edad de las cavernas y ¡vamos a ponerle! Tú qué o qué, te surto en un dos por tres. El jefe de la Unidad Departamental de Regularización y Tenencia de la Tierra de Álvaro Obregón, José Antonio Cuéllar, recibió tremendo cabezazo del candidato a diputado local por el PRI-PVEM Fernando Zárate. Y ¡sopas! El funcionario dijo que acudió a ese lugar porque le reportaron un asentamiento ilegal. Mientras entraba en materia, el candidato a diputado llegó con 20 personas. El funcionario pidió a la policía que remitieran al energúmeno, pero éste aseguró que era diputado: “¿Me vas a detener?”. Este defensor de unos invasores de tierra es un experredista y un neo priista verde -qué currículum- y un hombre que arregla los problemas como los hombres: a cabezazos y bofetadas. Gilga cantó: yo soy mexicanoo, y a orgullo lo tengoo, y si echo bravataa, también la sostengo.

Por cierto, hace unos cuantos días, brigadas de priistas y perredistas se dieron hasta con la cubeta en Cuajimalpa. El PRD interpuso una denuncia ante la Procuraduría. Carlos Navarrete aseguró que no se trató de una gresca sino de una acción delictiva contra los perredistas encabezada por Los Claudios, un grupo de choque que acompaña a los candidatos priistas y que le dieron una solfa a los promotores del voto del PRD, once de ellos aún están en el hospital. Y qué le ven a Gilga, ¿es o se parece? Con Gil no hay tu tía, reparte madrazos como el aspa de una licuadora. Que Claudios ni que la manga del muerto, cuidado con él. Ya en serio: levantas una piedra y aparece un rufián con cadena.

Agasajo

Gamés lo leyó en su periódico Reforma en una nota de César Martínez. El sindicato ferrocarrilero agasajó a reporteros durante una conferencia de prensa. Langosta, caviar rojo y negro, salmón y camarones. Muy buenas, las conferencias de prensa del sindicato. Ahora mal, si esas fruits de mer no fueron acompañadas (ah, una voz pasiva) de champaña, néctar imperial, entonces no valió la pena, para que más que la verdad.

“Les voy a pedir a los compañeros que se retiren porque necesito hablar de un tema en privado con los reporteros”, les dijo Víctor Flores, líder del sindicato a una veintena de dirigentes. Cuenta Martínez: “Bajó del escenario del Teatro Ferrocarrilero acompañado de una edecán rubia enfundada en un estrecho vestido rojo. Abrazó a reporteros y les dijo que, sin que se ofendieran, necesitaba que uno a uno pasaran a hablar en privado con su gente. Afuera del teatro, los asistentes del líder daban a reporteros sobres con dinero, en tanto que un grupo musical tocaba cumbias y los meseros servían los manjares”.

Caracho: qué bonito es lo bonito. Se sabe: dinero que no te corrompa, agárralo, hermano. Y vénganos tu reino. La vida está en otra parte; allí, entre langostas, camarones, música, edecanes, sobres con dinero. Gamés imagina a Víctor Flores, líder ferrocarrilero: vamos a hacerles una fiesta como Dios manda a los reporteros, pero de las buenas, Godínez, no esas miserias que usted organiza. Con sobres y toda la cosa, música y viandas. Gástele, Godínez, no sea miserable.

El boletín decía esto: “Queda demostrada la transparencia de la dirigencia del gremio ferrocarrilero, al desmentir a diputados y senadores panistas”. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: cuando la realidad empieza a parecerse a una película de Estrada, "La ley de Herodes", por ejemplo, mejor sería desaparecer: chalchicomula patas de mula y adiós. Qué cosa.

Alondra

No se lo tomen a mal a Gil, pero una noticia más de la tormentosa vida de Alondra y Gamés perderá el sentido. Alondra quiere ir con mamá, Alondra quiere ir con papá, Alondra quiere fiesta, Alondra está tristona. La noticia de la pesadilla de Alondra ocurrió, se dio a conocer, incendió los corazones de muchos mexicanos y tuvo un final feliz. Entonces dejemos en paz a Alondra y que Alondra nos deje en paz a nosotros, ¿les parece? Al paso que vamos veremos a Alondra poner al pino de Navidad y colgar las esferas y en fon. Adiós, Alondra, que seas muy feliz.

La máxima de Yevtushenko espetó dentro del ático de las frases célebres: “Llegará un día en que nuestros hijos, llenos de vergüenza, recordarán estos días extraños en los que la honestidad más simple era calificada de coraje”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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