Opinión

Días de furia y anarquía

Está más que claro que al gobernador Ángel Aguirre Rivero lo rebasaron por la izquierda.

Y no pueden tomarse a la ligera las manifestaciones que derivaron en los actos de violencia contra los edificios del Congreso y el Palacio de Gobierno, porque la embestida furiosa fue en contra de lo que estas sedes representan.

El equipo de Aguirre Rivero debe valorar que la anarquía ha comenzado a tocar a las puertas del gobierno de Guerrero.

Han transcurrido dos semanas desde la desaparición de los jóvenes normalistas de Ayotzinapa y hasta ayer no se sabía nada de ellos.

Por ahora, la respuesta de las autoridades de Guerrero es que se reforzará la seguridad en la capital guerrerense con más elementos policiacos. Mala señal.

Parece que Aguirre Rivero asumió el conflicto como un complot en su contra. Y no es así.

Lo que menos necesita en estos momentos el país son más víctimas, y mucho menos, políticos que se victimicen.

Operación corunda

El comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán, Alfredo Castillo, cumplió nueve meses al frente de la encomienda que recibió del gobierno federal.

Y su tarea no ha sido fácil. Ha capoteado las presiones de los grupos de interés que lo quieren fuera del estado, y así lo reconoció ayer ante un importante grupo de empresarios.

La historia de la inseguridad y los nexos del crimen con la clase política están más que ventilados. Han caído cabezas de los Caballeros Templarios, pero le falta la de Servando Gómez, La Tuta.

Hay que reconocerle a Castillo que ha asumido los costos del cargo y que tiene claro que su tarea es la de contribuir a recuperar la tranquilidad y el orden en la entidad, y no la de ganar elecciones.